GRANOS DE VIDA

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Vendas divinas


"Porque yo te devolveré la salud, y te sanaré de tus heridas”, declara el Señor, "porque te han llamado la Desechada, diciendo: ‘Esta es Sión, nadie se preocupa por ella’"(Jeremías 30:17)


En un día futuro, estas palabras llegarán a Israel como un rayo de luz al final de un largo período de oscuridad. Habiendo pasado por el “tiempo de angustia para Jacob”, un tiempo de sufrimiento sin precedentes, el pueblo experimentará la restauración de Dios. Entonces sabrán que sus heridas pueden ser sanadas, por muy graves que sean, y que su salud puede restablecerse, aunque su vida haya quedado destrozada.


Estas palabras no solo se aplican al futuro. Los cristianos de hoy en día sufren heridas que no se pueden curar, y están rodeados de gente que no los entiende. Algunos han sido abusados y maltratados en su niñez. Otros han sido profundamente heridos por otros cristianos. Otros se han sentido amargados y desilusionados por un matrimonio infeliz. ¿Existe realmente un remedio para estos casos?


Consideremos tres cosas. En primer lugar, las heridas de Israel no fueron superficiales. Dios había calificado previamente sus dolencias como incurables y sus heridas como graves.


»Porque así dice el Señor: “Incurable es tu quebranto, Y grave tu herida. No hay quien defienda tu causa; No hay cura para tu llaga, No hay mejoría para ti. (Jeremías 30:12-13)

En segundo lugar, las cosas y personas a las que podrían haber recurrido (medicinas y amantes) no les habrían ayudado.


Todos tus amantes te han olvidado, ya no te buscan; Porque con herida de enemigo te han herido. (Jeremías 30:14a)

En tercer lugar, sus heridas eran consecuencia de sus propias iniquidades; Dios mismo se las había infligido.


Con castigo de hombre cruel, Por lo grande de tu iniquidad y lo numeroso de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebranto? Tu dolor es incurable. Por lo grande de tu iniquidad y lo numeroso de tus pecados, te he hecho esto. (Jeremías 30:14b-15

Aunque nos inflijamos nuestras propias heridas, no desechemos esta realidad demasiado rápido: Dios aún está al control. Él ha permitido todo lo que nos ha sucedido, y todo obrará para nuestro propio bien.

Sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien. (Romanos 8:28)

Comprender esto es el primer paso a la sanidad. El segundo paso es darse cuenta de que solo Dios puede restablecer la salud y curar los corazones rotos. Puede utilizar a otras personas para ello, pero son solo instrumentos en sus manos. El tercer paso es dejar la auto compasión y la amargura, confesando en qué nos equivocamos, y perdonando a los que nos han hecho daño.

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