GRANOS DE VIDA

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Tengo compasión de la multitud (1)

Tiempo de lectura: 4 min.
Traducción utilizada: NBLA.

Lectura: Marcos 8:1-8


Es bueno recordar que Jesús sigue siendo el mismo Jesús que anduvo en este mundo en los días descritos en Marcos 8. Veamos, pues, cómo ere entonces, para que sepamos un poco mejor cómo es ahora, y cómo quiere que seamos como sus representantes en la tierra.


"En aquellos días, cuando había de nuevo una gran multitud". ¿Cómo es la multitud actualmente? Millones de chinos, millones de indios, japoneses, egipcios, sirios, árabes y de las vastas regiones que los rodean; Sudamérica; los Estados Unidos; Canadá; los millones de personas del continente europeo; sí, los millones de esta pequeña isla de Gran Bretaña. Y, en este momento, la puerta está abierta en todas partes para el evangelio; para la difusión del pan de vida.

"Había de nuevo una gran multitud que no tenía qué comer". ¿No es esto cierto también en la actualidad? ¡Nada que comer! Millones de hindúes, budistas, católicos y ateos. Pues bien, "Jesús llamó a sus discípulos y les dijo". ¿Qué les dijo? ¿Había que despreciarlos? ¿Había que dejarlos perecer en sus propios engaños? No, el precioso Jesús, la revelación de Dios, dijo: "Tengo compasión de la multitud". ¿Acaso no sigue siendo el mismo Jesús hoy?


Pero pon atención, pues este es el punto de partida: "Jesús llamó a sus discípulos". ¡Qué pregunta para cada predicador en esta tierra: ¿Has escuchado el llamado de Jesús? ¿Has venido a Él? ¿Lo conoces? No puedes ser un «río de agua» si no has venido a la fuente para beber por ti mismo. Si no lo conoces, entonces no puedes compartir el pan de vida con otros. Si no sabes que tus propios pecados han sido perdonados, entonces no podrás predicar con fe acerca del perdón. Si lo conoces, entonces ven a Él; Él tiene algo que decirnos. Él dice, por así decirlo, «quiero decirles lo que siento por esas millones de almas perdidas en esa tierra en la que ustedes habitan actualmente. Tengo compasión de la multitud, sido ofrecido como propiciación en la cruz: Yo mismo me ofrecí libremente el sacrificio; soy el propiciatorio; Dios, mi Padre, es justo, es recto, al enviar un perdón gratuito a esos millones, y tú nunca se los has dicho. Nunca has hecho la proclamación del perdón de los pecados en mi nombre a los millones que están a tu alcance: "Tengo compasión de la multitud"».


Él había estado con esta gran compañía por tres días. Entonces dijo: "no tienen qué comer". Y a nuestro alrededor hay un gran número de lectores de esta revista*, y ha habido multitudes de profesantes alrededor de Jesús, muy ocupados en actividades religiosas, pero que no tienen nada que comer. Tienen sacramentos y servicios pomposos, publicaciones periódicas y libros religiosos; y, con todo, no tienen nada que comer. Son inconversos, están en sus pecados, son culpables ante Dios, se apresuran al juicio, y literalmente no se les ha presentado ningún evangelio real, adecuado para los pecadores perdidos, culpables, y merecedores del infierno.

Jesús dijo: "Tengo compasión" de ellos; y también dijo: "si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos".


¿Es este tu caso, querido lector? ¿Tu casa está muy lejos de Jesús? ¿Jesús es conocido en tu casa? ¿Está allí el santo perfume de su adorada presencia? Si un extraño viene a tu casa, ¿siente que Cristo reina allí? ¿O posees una simple profesión dominical, para luego vivir para Satanás y el mundo el resto de la semana? Ah, cuando vienes cada domingo, vienes de lejos; pero Jesús tiene compasión de ti; Él sabe cuál será tu fin si no eres salvo: sabe lo que pasará después que tu corazón deje de latir, y haya un silencio en tu casa, y las personas susurren: «se ha ido». Pero, ¿a qué lugar? ¿Habrás rechazado la compasión de Cristo y entonces será demasiado tarde? ¿Abrirás tus ojos en el tormento? Qué gracia que al leer este articulo aún no es demasiado tarde. Piensa, entonces, en la compasión de Jesús. Qué poca simpatía tenían los discípulos con Jesús. ¡Y cuánto menos hoy en día! Ellos dijeron: "¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para saciar de pan a estos aquí en el desierto?" ¿Acaso no se habían olvidado del Señor? Aquel que alimentó a miles de personas, diariamente y por cuarenta años, durante su viaje por el desierto, el Jehová de los días de Moisés, estaba en medio de ellos. Olvidaron los infinitos recursos que tenían en Él. Y nosotros, ¿recordamos la compasión y el poder de Aquel que dijo: "Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo"? ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Qué poco sentimos las demandas y las necesidades de las millones de personas que perecen. Qué poca simpatía con quienes son verdaderos y devotos siervos del Señor, quienes realmente distribuyen el pan de vida en las regiones alejadas de sus hogares y la comodidad. Ellos tienen la alegría de la comunión con Aquel que dijo: "Tengo compasión de la multitud".


"¿Cuántos panes tienen?, les preguntó Jesús. Ellos respondieron: Siete". Tenían el número perfecto y, con Su bendición, tenían más que suficiente para satisfacer la necesidad.


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