top of page

Confortar el corazón del Señor

"Cuando David llegó a Mahanaim, Sobi hijo de Nahas de Rabá, de los hijos de Amnón, Maquir hijo de Amiel de Lodebar, y Barzilai el galaadita de Rogelim, trajeron camas, copas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano tostado, habas, lentejas, semillas tostadas, miel, cuajada, ovejas y queso de vaca, para que comieran David y el pueblo que estaba con él. Decían: El pueblo está hambriento, cansado y sediento en el desierto” (2 S. 17:27-29).


El rey David se encontraba en Mahanaim, el lugar al cual huyó de su hijo Absalón, quien se sublevó contra él (véase 2 S. 15). Fue allí donde algunas personas se acercaron para traer provisiones para él y para el pueblo. De este relato podemos extraer lecciones para nuestra instrucción espiritual.


David estaba en el exilio, rechazado y perseguido. En esto, es figura del Señor Jesucristo, quien sigue siendo rechazado por el mundo. El mundo lo persigue al perseguir su testimonio (véase Hch. 9:2). Absalón, por su parte, es figura del adversario, Satanás, quien es el "príncipe de este mundo" y el "dios de este siglo".

Estos tres hombres tenían sus propias limitaciones:


  • Sobi era extranjero (amonita) y descendiente de un antiguo enemigo de Israel (véase 1 S. 11).


  • Maquir vivía en un lugar desolado (Lodebar significa "sin pastos") en Galaad.


  • Barzilai, aunque era un hombre de muchas posesiones materiales, tenía ya ochenta años (véase 2 S. 19:32).


¡Cuán precioso es ver a estos tres hombres, cada uno con sus limitaciones y virtudes, arriesgar sus propias vidas para confortar el corazón de David y del pueblo que estaba con él! A diferencia de los hijos de Rubén en los tiempos de los jueces, ellos no se quedaron solo en "resoluciones de corazón" (Jue. 5:15), sino que dieron el paso de fe para suplir las necesidades que habían visto. Dijeron en su corazón: "El pueblo está hambriento, cansado y sediento en el desierto" —y actuaron.


En el tiempo actual, nosotros también vivimos un tiempo de rechazo del mundo al testimonio de Jesús. Estos hombres quizás eran desconocidos para las filas de Absalón, pues sus limitaciones los hacían "inútiles" para sus malvados propósitos. De la misma manera, los cristianos son desconocidos para este mundo: "Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a Él" (1 Jn. 3:1b). Nuestra esperanza está en los cielos —no en esta tierra—, desde donde esperamos a un Salvador, nuestro Señor Jesucristo (véase Fil. 3:20).


¿Qué hacemos nosotros para confortar el corazón del Señor y suplir las necesidades de su pueblo? Dios permita que no nos quedemos en simples "resoluciones de corazón", sino que vayamos a cubrir aquellos campos donde vemos las necesidades, tal como hicieron estos hombres.


  • En Sobi vemos a alguien que, aunque era extranjero, amaba a David. Nosotros podemos reconocer que éramos enemigos y que Dios nos ha reconciliado por la muerte de su Hijo (véase Ro. 5:10). El primer paso para ser útiles al Señor es ser conscientes de la gracia de Dios en nosotros. Decir como Pablo: "Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana… la gracia de Dios en mí" (1 Co. 15:10). ¡Cuántas veces perdemos el sentido de la gracia, enorgulleciéndonos de nuestra posición! Esto limita nuestra capacidad de servir a otros.


  • En Maquir vemos a alguien que, aun viviendo en un lugar sin pastos, acogió en su hogar a un hombre necesitado desde su niñez: Mefiboset, lisiado de ambos pies (véase 2 S. 9:4-5). Al igual que este hombre, debemos ser conscientes de que la gracia de Dios no es solo para nosotros, sino que debemos ser canales de misericordia hacia los perdidos. Mefiboset era hijo de Saúl, enemigo de David, sin embargo, halló misericordia en la casa de Maquir. Aunque reconozcamos que no somos de este mundo (véase Jn. 17:14) y que este mundo es un desierto para el alma, debemos llevar la gracia de Cristo a quienes viven en él, así como Maquir hizo con Mefiboset.


  • En Barzilai vemos a alguien que utilizó los bienes que Dios le había dado para confortar a David y al pueblo. Considerando las características de los otros dos hombres, probablemente los bienes materiales procedían de Barzilai. Sin embargo, no vemos rastro de orgullo en él. El Espíritu, al registrar este acontecimiento, vincula a los tres en el acto dadivoso de los bienes materiales.


    Nos recuerda a Bernabé, quien vendió un campo y puso el dinero a los pies de los apóstoles. En contraste, Ananías y Safira sustrajeron del precio de una heredad para aparentar que habían dado de corazón, al igual que Bernabé. ¡Y qué juicio recayó sobre ellos! (véase Hch. 4:36-37; 5:1-10).


    En el tiempo actual de consumismo y modernismo, pensemos en cómo suplir las necesidades de otros a partir de los bienes que Dios nos ha confiado para administrar.


    Barzilai, además, es la viva expresión de lo que leemos en el salmo 92: "El justo florecerá como la palma, crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa del Señor, florecerán en los atrios de nuestro Dios. Aun en la vejez darán fruto; estarán vigorosos y muy verdes" (vv. 12-14).


Al igual que estos hombres, seamos buenos administradores de los bienes que Dios nos ha confiado, ya sean materiales o inmateriales. Sin importar si somos jóvenes o de edad avanzada, ¡seamos útiles para dar alegría a nuestro Señor y suplir las necesidades de su pueblo!

Comentarios


ARTICULOS RECIENTES

© 2020 Granos de Vida (Chile)

  • Facebook - Grey Circle
  • Twitter - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle
bottom of page