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"Si quieres, puedes..."

Traducción bíblica utilizada: Nueva Biblia de las Américas.

Tiempo de Lectura: 3 min.


Un hombre que padecía de lepra, una enfermedad mortal, se acercó al Señor Jesús en busca de ayuda. En aquel tiempo, no existía una cura conocida para esta enfermedad. El hombre le hizo una petición concreta al Señor Jesús y demostró una actitud interior correcta al arrodillarse ante él. Fue entonces cuando pronunció estas extraordinarias palabras:


"Si quieres, puedes limpiarme" (Marcos 1:40).

Es posible que este leproso no estuviera seguro de si el Señor Jesús se acercaría a él y se ocuparía de su necesidad. Los enfermos como él tenían que vivir aislados de otras personas en aquellos días (véase Lucas 17:11). Podemos percibir algo de su actitud en las palabras que pronunció. Pidió algo en específico, pero dejó la respuesta en manos del Señor Jesús. Esto lo dejó muy claro con las palabras "si quieres". Las dos hermanas de Betania, Marta y María, también enviaron un mensaje similar al Señor Jesús, limitándose a decir: "Señor, el que tú amas está enfermo" (Juan 11:3). Pedro también hizo alusión a este estado de corazón cuando escribió: "Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo" (1 Pedro 5:6).


Esta actitud interior es la correcta y es de suma importancia para nuestra oración. Sí, podemos dar a conocer todas nuestras peticiones “delante de Dios" en oración (Filipenses 4:6), sin excepción alguna, pero siempre con la actitud interior correcta. ¿Estamos realmente dispuestos a aceptar cualquier tipo de respuesta y dirección? No se trata simplemente de expresar las palabras "si quieres" con nuestros labios, sino que se trata de nuestra actitud de corazón. ¿Estamos realmente dispuestos a ‘rendirnos’ en los brazos del Señor Jesús, quien nos ama infinitamente y lo demostró de manera tan impresionante en el Gólgota?


Si realmente dejamos en manos del Señor el cómo y el cuándo él intervendrá, entonces nuestros corazones inquietos se llenaran de paz y tranquilidad. Sin embargo, mientras nos aferremos a nuestras ideas acerca de cómo él debe intervenir y cuándo es oportuno que nos ayude, entonces probablemente experimentemos muchas decepciones, al menos hasta que el Señor intervenga de la manera que esperamos o en el momento que esperamos.


Animémonos a orar con una actitud interior marcada por un sincero y genuino "si quieres". Entonces, ya sea que el Señor intervenga en nuestro caso concreto o no, permaneceremos en calma con la firme convicción de que él nos ama y tiene un buen propósito para nosotros.


En Su mano depositado, permanezco en quietud; cómo me guía, cómo me sostiene, eso solo le corresponde a Él. (Poema alemán; Friedrich Traub, 1905-Traducción literal)

Las palabras del leproso expresan una profunda confianza en el poder absoluto del Señor Jesús. En tiempos de Eliseo, el rey Joram formuló la siguiente pregunta "¿Acaso soy yo Dios, para dar muerte y para dar vida, para que este me mande a decir que cure a un hombre de su lepra?" (2 Reyes 5:7). Desde una perspectiva humana, la lepra era una enfermedad incurable. Sin embargo, este leproso, que acudió al Señor Jesús con su necesidad, confiaba en que el Señor era capaz de sanarlo. Tenía la firme convicción de que él ‘podía’ hacerlo.


En esto también podemos extraer una importante lección para nosotros en la actualidad. Debemos confiar plenamente en nuestro Señor, sin limitaciones.


Cuando los límites de lo imposible aprietan el corazón, tú muestras en la dificultad el poder de tu bondad. (Poema alemán; Friedrich Traub, 1905-Traducción literal)

La primera parte de esta breve frase nos insta a dejar en sus manos cualquier tipo de solución, con la firme convicción de que él solo tiene buenas intenciones hacia nosotros y que el amor demostrado en el Gólgota sigue siendo el mismo. La segunda parte dirige nuestra mirada hacia el Todopoderoso. Al final de su prueba, Job afirmó: "Yo sé que tú (Dios) puedes hacer todas las cosas" (Job 42:2). Para el Señor es fácil hacer posible lo que para los seres humanos es imposible.


Con esta actitud y conciencia, queremos continuar nuestro camino hasta que el Señor Jesús venga y nos lleve consigo a la gloria.

Friedhelm Runkel

Traducido de https://www.bleibtinmir.de con el permiso del autor.

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