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Conocer y hacer la voluntad de Dios (Parte 1)

Tiempo de lectura: 9:20 minutos

Traducción bíblica utilizada: RVR1960

La mayoría de cristianos viven luchando constantemente para saber cuál es la voluntad de Dios. Sin embargo, el plan de Dios no es que esto sea una lucha constante. Él quiere que sea nuestro alimento (véase Jn. 4:34), algo que nos agrade hacer (véase Sal. 40:8), y que experimentemos lo buena, agradable y perfecta que es (véase Ro. 12:2).

Por otro lado, también existe el peligro de ser demasiado displicentes con respecto a la voluntad de Dios, enfatizando en exceso su soberanía y, a la postre, dejándonos guiar por las olas de las circunstancias. Esto nos llevaría a ignorar su propósito práctico y actual para nosotros.


Hay algo que sí está claro: Dios tiene una voluntad para nosotros. El tema está en cómo descubrimos esa voluntad y caminamos con el carácter cristiano en medio de ella. Ya no vivimos en los tiempos del Antiguo Testamento, en los que se echaban suertes para conocer la voluntad de Dios por un tema específico (véase Pr. 16:33, comp. Hch. 1:26).


El Espíritu Santo ha venido a morar en nosotros, tanto individualmente (Ef. 1:13) como colectivamente (Ef. 2:22). Él es el Espíritu de verdad, y su tarea es guiarnos "a toda la verdad" (Jn. 16:13). En su gracia, Dios nos ha dado herramientas útiles y que debemos utilizar diariamente: la oración y "toda" la Palabra de Dios.


Después de esta breve introducción, profundicemos en nuestro tema.


La voluntad de Dios


Primeramente, me gustaría señalar que la voluntad de Dios tiene un alcance tan amplio como la distancia que hay entre los cielos y la tierra. Su punto más alto se encuentra en Sus propósitos en Cristo y su punto más bajo está en las circunstancias más minúsculas de nuestras vidas. Por lo tanto, debemos separar entre dos cosas: la voluntad ‘general’ de Dios y su voluntad ‘específica’. Entender la voluntad ‘general’ nos ayudará grandemente a responder nuestras preguntas acerca de cuál es la voluntad de Dios para nuestra vida.


Como término general, debemos saber que la voluntad de Dios no está atada a algo tan minúsculo como nuestras situaciones cotidianas. Esto no significa que él no nos revele su voluntad en las cosas pequeñas, sino que su voluntad es más que simplemente ‘hechos’ concretos en el desarrollo de la vida del creyente.


En Efesios 1 se nos habla del "misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo". ¿Cuál es este? La glorificación de Cristo. Con respecto a este misterio, alguien escribió:

«Se trata de que Cristo, en lugar de tomar el reino predicho por los profetas, debía desaparecer completamente de la escena de este mundo, y que Dios debía darle lugar a su diestra en los cielos como Cabeza de toda gloria, celestial y terrenal, y que todo el universo debía ser puesto en las manos de Cristo para la administración del reino y la gloria del Padre en él. Esta es la primera y más importante parte del misterio...» [1].

En resumen, cuando hablamos de la voluntad ‘general’ de Dios podemos decir que esta es su propia gloria por y a través de Cristo. Teniendo esto en cuenta, podemos calibrar mejor nuestras oraciones y redirigir nuestra búsqueda de su voluntad ‘específica’. De hecho, me atrevo a decir que la mayoría de nuestras dudas acerca de cuál es la voluntad del Señor desaparecerían si tuviéramos esta visión. “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia, por tu fidelidad” (Sal. 115:1).


Ahora bien, cuando se trata de la voluntad ‘específica’ de Dios, también debemos hacer una aclaración: esta puede estar ‘revelada’ o ‘no revelada’. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que la Palabra de Dios nos ha revelado su voluntad en muchos temas, mientras que otros asuntos no nos son revelados en la Escritura. Por ejemplo: "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos" (2 Co. 6:14) forma parte de lo que llamamos la 'voluntad revelada de Dios'. A la luz de este versículo, no es necesario que ningún creyente se pregunte si es la voluntad de Dios que se una en alguna asociación con un inconverso, sea cual sea esta asociación. Pero ¿qué hacemos con aquello que no está revelado de forma explícita? Por ejemplo: ¿Cómo sé si es la voluntad de Dios que acepte tal trabajo o me mude a aquella ciudad? Si bien esto no está revelado de forma explícita en la Palabra de Dios, no significa que la Escritura no sea nuestra suprema autoridad con respecto a ello. Ella debe ser siempre nuestro fundamento.


Debe ser una búsqueda honesta…

Cuando los judíos se maravillaban de las palabras del Señor Jesús, él les dijo: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios… El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia” (Jn. 7:17-18). En línea con la sección anterior, “el que busca la gloria” de Dios, podrá saber cuál es su voluntad.


Sin embargo, muchas veces nuestra búsqueda no es honesta, es decir, no tiene en vista la gloria de Dios. Por ejemplo:


1.- Ya hemos tomado una decisión. Por lo general, ya tenemos decidido qué hacer antes de preguntarle a Dios cuál es su voluntad. Esto fue lo que sucedió con el remanente judío que quedó en la tierra y se acercó a Jeremías para saber la voluntad de Jehová. Ellos ya se habían predispuesto a huir a Egipto y solo querían que Dios confirmara sus egoístas intereses (véase Jer. 42 a 44).


2.- Estamos en una situación que nosotros mismos hemos creado y pedimos ahora la dirección del Señor para salir de ella. ¿Cómo nos guiará el Señor a través de un camino que él no nos mandó tomar? Lo que le sucedió al pueblo de Israel después de escuchar el juicio de Dios contra ellos por su rebelión es un ejemplo (véase Dt. 1:34-43). Luego de volver derrotados, lloraron "delante de Jehová, pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído" (v. 45).


3.- A veces buscamos que el Señor confirme nuestra voluntad para nuestra propia honra. Ante esto, primero debemos juzgarnos en su presencia y humillarnos. "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón" (Sal. 139:23; véase Sal. 71:17). "¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques" (Jer. 45:5).


4.- No estamos dispuestos a que su voluntad implique algo difícil o doloroso para nuestra carne. Un ejemplo contrario a esto es el apóstol Pablo cuando se dirigía a Jerusalén. Él sabía que allí le esperarían “prisiones y tribulaciones”, sin embargo, sabía que esa era la voluntad de Dios para él (véase Hch. 20:22-23).


La comunión con Dios

¿Cómo puedo entonces tener claridad de que estoy en el estado y la actitud correcta para buscar la voluntad del Señor? En Mateo 6:22 leemos: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz”. Para tener una visión más clara acerca de su voluntad es necesario que nuestro ojo sea “simple” (VM2020). Es decir, que nuestra mirada esté fija solo en el Señor Jesús. Esto nos ayudará a tener una visión más clara acerca de (1) quién es él y (2) quienes somos nosotros.


En Proverbios 9:10 leemos: "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia". Cuanto más cerca estemos del Señor, en comunión con él, por su Palabra y la oración, más lo conoceremos. La Palabra de Dios nos dice que este tipo de conocimiento es relacional, no ‘intelectual’. Ninguna cantidad de libros, seminarios o posgrados nos darán lo que una hora a solas con Cristo nos puede dar. Podemos ver esto en el ejemplo que nos da María de Betania en Juan 12. El Espíritu Santo resalta bellamente la figura de María de Betania, insistiendo en la importancia de estar a los pies del Señor (véase Lc. 10:39; Jn. 11:32; Jn. 12:3). María tuvo un mayor discernimiento acerca de la voluntad del Señor que los ‘doce’. A seis días de la crucifixión del Señor, María tuvo una comprensión más clara acerca de la voluntad del Señor. Esto lo obtuvo a los pies del Señor, donde aprendió a conocerlo.


En el capítulo 5 de Isaías, el profeta pronuncia una serie de "ayes" hacia distintos grupos de personas debido a su maldad. En cierto sentido, Isaías tenía clara cuál era la voluntad de Dios hacia los demás. Pero al entrar en el capítulo 6, el panorama cambia. Los "ayes" pronunciados hacia otros ahora se tornan hacia él mismo: "¡Ay de mí! Soy un hombre muerto; porque siendo un hombre impuro de labios y habitando en medio de un pueblo que tiene labios impuros, mis ojos han visto al Rey, Jehová de los ejércitos" (Is. 6:5). Esta visión fue trascendental en su ministerio como profeta. En presencia del Señor, Isaías pudo obtener un equilibrio adecuado acerca de la gloria del Señor y de sí mismo. Lo que vio y oyó calibró por completo su servicio como profeta, pues después de estar en presencia de Jehová, él pudo decir: "Heme aquí, envíame a mí" (Is. 6:8).


¡Qué ejemplos para nosotros, que a menudo dudamos acerca de si hacer una u otra cosa es la voluntad de Dios! ¡Cuánto aprenderíamos si pasáramos más tiempo en el santuario, a los pies del Maestro, como María en Betania!


Alguien escribió:

«El conocimiento de la voluntad de Dios está relacionado con mi condición espiritual; si pudiese conocer su voluntad sin ser espiritual, entonces me engañaría a mí mismo. Creceré en el conocimiento de la voluntad de Dios en la medida que crezca en el conocimiento de Dios y su naturaleza».[2]

El ambiente que nos rodea puede influenciarnos

Es importante tener en cuenta cómo influye el mundo que nos rodea. No es en vano que se nos dice que la voluntad de Dios fue "librarnos del presente mundo malo" por medio del sacrificio del Señor Jesús (Gá. 1:3-4 NBLA). Debemos tener en cuenta que Satanás es el "príncipe de este mundo" (Jn. 12:31; 14:30; 16:11), "el dios de este siglo" (2 Co. 4:4) y su objetivo primordial es engañar y controlar las mentes, corazones y vidas de los habitantes de este mundo. Satanás es el fundador de un sistema que la Palabra de Dios denomina "mundo". El objetivo de este sistema es distorsionar la percepción de la voluntad de Dios entre los hombres, impulsándolos a no cumplirla.


Podemos ver esto en acción desde los comienzos de la humanidad. Los descendientes de Caín (véase Gn. 4:19-22) fueron los precursores del comercio y la ganadería (economía), los instrumentos musicales (entretenimiento) y la metalurgia (ciencia/educación). Obviamente, esto no significa que estas cosas sean malas en sí mismas, pero su objetivo era convertir este mundo en un lugar más placentero. Ellos fueron los precursores de lo que hoy conocemos como ‘sociedad’. Esta ‘sociedad’ siempre está en busca de cosas nuevas, sin cansarse del desarrollo del mundo en el que vive. Sin embargo, Satanás es el creador de este "mundo" en el sentido que se le da en 1 Juan 2:15. También leemos que "no se satisface el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír" (Ec. 1:8). Esto se ve plenamente desarrollado en el humanismo actual. La era de la información y las tecnologías ofrecen a las mentes de los hombres siempre algo nuevo, una nueva idea, una nueva filosofía (aunque siempre sean las mismas, véase Eclesiastés 1:10), algo que distraiga sus mentes de cuál es la voluntad de Dios.


¡Con qué facilidad los creyentes nos vemos influenciados por el ambiente! Es fundamental que nos juzguemos también con respecto a esto si queremos saber cuál es la voluntad de Dios. Debemos preguntarnos: ¿Hasta qué punto el mundo ha moldeado mi forma de pensar y mi toma de decisiones? Si quiero conocer la voluntad del Señor con respecto a una decisión importante (estudios, familia, mudanzas, trabajo, etc.), ¿qué principios aplico en primer lugar? Quizás la situación 'económica' me lleva a preguntar cuál es la voluntad del Señor. ¿Un mejor sueldo? ¿Una mejor universidad? Etc. Debemos juzgar nuestras motivaciones a la luz de esto y ver si están arraigadas en la gloria de Cristo o en los estándares de la ‘sociedad’.


¡Que podamos buscar la comunión con el Señor! Meditando en su Palabra y orando en todo tiempo, él calibrará nuestros pensamientos. Solo así nuestros 'estándares' serán conforme a su Palabra y no a los ‘nuevos tiempos’, la ‘época moderna’, etc.

[1] William Kelly. [2] J. N. Darby

Ricardo Vasconcelo


Escrito para Granos de Vida, continuará en una segunda parte y final.



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