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¿Eres un cristiano de sillón o un vencedor?

Tiempo de lectura: 3:35 min

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)


El ejemplo de Abraham nos muestra claramente que el mundo es un peligro para los creyentes, y que este puede tener una influencia negativa y perdurable en nuestras vidas. En días en que las personas se dedicaban cada vez más a la idolatría, Dios llamó a Abraham, en soberana gracia, y lo sacó del “mundo”. Él le dio promesas incondicionales en las que el patriarca puso su fe (véase Gn. 12:1-3).


Luego la fe de Abraham fue probada por el hambre que hubo en Canaán—y falló. Abraham buscó refugio en Egipto [1] (figura del mundo), buscando allí una vida más cómoda. Pero el plan no funcionó. Su tiempo en Egipto interrumpió su comunión con Dios—y esto tuvo consecuencias trascendentales: más adelante, las posesiones que recibió en Egipto causaron una disputa entre los pastores de Lot y los pastores de Abraham. ¡Cuántos conflictos han surgido entre los creyentes a causa de las posesiones y el dinero!


Junto con esto, Agar se les unió en Egipto y fue con ellos a la tierra prometida. Ella es una figura del pacto de la ley (véase Gá. 4:21-31), la cual es considerada uno de los elementos del mundo (véase Col. 2:8, 20). El pensamiento legalista, el cual quiere obtener las bendiciones que Dios ha prometido por medio de esfuerzos propios, es completamente contrario a la gracia de Dios y no puede producir fruto para Dios.


En Hebreos 11 leemos acerca de los “tesoros de Egipto” (v. 26 NBLA). En aquellos días, los egipcios confiaban en estas riquezas y «seguridades» terrenales. Hoy en día no es muy diferente, pues las personas aún ponen su confianza en estas cosas. Para los creyentes, ¡las riquezas financieras contienen el gran peligro de actuar en independencia de Dios y confiar más en las posesiones que en el Dios vivo (véase 1 Ti. 6:17)!


¿Estás dispuesto a examinar críticamente cuánto confías en tu seguridad financiera y cuánto confías realmente en Dios? Como Abraham en sus días, nosotros también podemos enfrentar el gran peligro de tratar de escapar de la prueba, la cual Dios nos ha permitido atravesar, huyendo a Egipto (figurativamente hablando), adoptando el espíritu de este mundo sin esperar en Dios ni buscando su voluntad.


En las pruebas de fe que enfrenta el cristiano, la atracción por el mundo a menudo se incrementa. ¡Con qué rapidez huimos a Moab, en figura, porque hay hambre en Belén (véase Rut 1)! En lugar de asegurar alimento para el pueblo de Dios con la fuerza que da la fe, como lo hizo Gedeón, uno rápidamente tiende a retirarse a la comodidad de su sillón, para juzgar desde allí la débil condición de los creyentes. Siempre será más fácil y mucho más cómodo el retirarse o huir cuando, por ejemplo, una reunión local (iglesia/asamblea) se encuentra en una débil condición espiritual, en lugar de permanecer donde Dios nos ha puesto, ¡dependiendo del Señor y llevando a cabo el trabajo de edificación! En el desierto, Satanás tentó al Señor Jesús con todo lo que este mundo tiene para ofrecer. ¿Cómo se comportó el Hijo de Dios cuando se vio confrontado con los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (véase Lc. 4:1-13)? Aunque había ayunado por 40 días y tenía hambre, él no utilizó su poder para su propio beneficio.


Ni siquiera quería comer algo sin recibir primero una clara instrucción de parte de Dios. Ni tampoco tomó un atajo para llegar al dominio y gobierno sobre este mundo, sino que permaneció fiel a Dios e hizo su camino, a través del sufrimiento, a la gloria. También rechazó poner a Dios a prueba livianamente, porque hizo todo en dependencia de su Padre y confió en él con todo su corazón.


Al final de su vida, resueltamente, se dirigió hacia Jerusalén, sabiendo con exactitud que no sería avergonzado (véase Lc. 9:51; Is. 50:7)


¿Cómo enfrentas normalmente las pruebas que Dios permite en tu vida? ¿Te desanimas fácilmente y tiendes a darte por vencido, o tratas de permanecer firme y edificar a otros en el lugar en que Dios te ha puesto? Sigue el ejemplo de Moisés, quien “se sostuvo como viendo al Invisible” (He. 11:27). ¡Mantente preparado para negarte a ti mismo el día de hoy, tomar tu cruz y seguir a Aquel que venció al mundo!


* En lugar de mirar al cielo y confiar en que Dios daría la lluvia en el momento adecuado, los egipcios miraban a la tierra, al Nilo que regaba la tierra. No veían la fuente de agua en las montañas, sino solo el río (véase Dt. 11:10-12). El mundo disfruta las bendiciones de la creación, sin ver al Creador quien está detrás de todas las cosas.


J. P. Svetlik


Traducido del libro "Dependence in the life of Christ"

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