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Adicción a las pantallas



Sabemos que actualmente hay muchos jóvenes y adultos que están constantemente pegados a sus dispositivos electrónicos, especialmente a los dispositivos portátiles. Por desgracia, los cristianos no somos una excepción en cuanto a esto.


Adicción


Gracias a una investigación, sabemos que, aproximadamente, 3% de los jóvenes mayores de 14 años son diagnosticados con adicción a las pantallas o internet. Por otro lado, se calcula que más del 10% de este mismo grupo etario ya posee un consumo problemático de los medios electrónicos, corriendo el riesgo de caer en la dependencia o adicción. Pero ¿cómo reconocer este tipo de adicción? No es tan sencillo. Principalmente porque el uso intensivo de estos medios no es un síntoma concluyente.


Si usted, como padre, tiene la impresión de que los pensamientos de su hijo giran solamente en torno a su teléfono celular o dispositivo electrónico, entonces tenga en claro que el peligro se avecina. Si el niño o joven no sostiene más contacto social con otras personas (como, por ejemplo, juntarse con amigos) entonces la adicción puede ser un diagnóstico muy probable. Sin embargo, como padres tenemos que preguntarnos si nosotros mismos somos buenos modelos de conducta con respecto a este asunto. Uno puede ver cosas muy claras en los demás y no darse cuenta de que uno mismo tiene un problema, eximiéndonos así del juicio propio.


Contenido


Es importante entender que los jóvenes no son adictos a un dispositivo electrónico propiamente tal, sino a los contenidos que ve en él. La adicción a los videojuegos es especialmente relevante. Porque a través de ellos uno puede escapar de la vida real y sumergirse en un mundo paralelo. Allí interpretas un papel en el que puedes ser quien quieres ser, aunque no puedas «lograrlo» en el mundo real. Es un mundo ilusorio. Esto fácilmente va acompañado de trastornos psicológicos, que pueden ser la causa, la consecuencia o ambas.


Baal - Asera


Desde un punto de vista bíblico, quizá podemos establecer una comparación. En 1 Reyes 16:32-33 leemos a Acab decir: "Edificó un altar a Baal en la casa de Baal que edificó en Samaria. Acab hizo también una Asera." Asera, la diosa del amor de los cananeos, nos habla de los afectos. Baal también puede traducirse como "señor". Cuando cosas como un dispositivo electrónico consiguen que nuestros afectos se vuelvan tan fuertes que eclipsen todo lo demás, entonces estamos en peligro.


Cuando los afectos se convierten en órdenes


Si no tenemos cuidado, estos placeres, inclinaciones y afectos se convertirán tarde o temprano en órdenes. Ya no podremos evitar hacer estas cosas, tomando así las riendas (Baal) de nuestras vidas.


Ser libre: Reconocer la adicción (como pecado)


¿Cómo puede uno librarse de semejantes ordenes impulsivas, causadas por tal adicción? Es lo mismo que la adicción al cigarrillo: reconocer tal adicción es un gran primer paso, pero no es suficiente. Toda adicción en nuestra vida es esclavitud y, por lo tanto, pecado (Ro. 6:16). Sin embargo, debemos decir que tener conciencia de que tenemos tal adicción es un paso inicial muy bueno e importante.


Buscar el diálogo


Si vemos a alguien que ha caído presa de tal adicción, debemos buscar conversar con esa persona. Si logramos que nuestros hijos (u otros jóvenes) nos muestren lo que hacen, hemos conseguido la posibilidad de conversar acerca del tema. Y en tal caso podrán ser más consciente de lo que les está sucediendo.


No solamente los videojuegos


Por cierto, este tipo de adicciones también pueden producirse con algunas series de televisión que hoy están disponibles en internet (Netflix, Amazon, Disney, etc...). Lo mismo ocurre con las redes sociales, de las que no puedes alejarte, llegando al punto de tener miedo de no ver el mensaje de X persona o grupo de personas.


Padres


Como padres, podemos y debemos controlar y limitar el tiempo que nuestros hijos pasan con sus dispositivos electrónicos. Si aún no lo hemos hecho, entonces es importante que tratemos de dialogar con nuestros hijos y llegar a esos acuerdos. Como padres no debemos olvidar que tenemos la responsabilidad ante Dios por nuestros hijos. Él nos ha dado autoridad para hacerlo, aunque esta autoridad sea rechazada por la sociedad actual. Debemos actuar ahora, pues después no podremos excusarnos y decir: «Es que éramos demasiado débiles».


También hay formas de limitar las aplicaciones a un grupo de edad específico o configurarlas para que los niños tengan que pedirnos autorización para usarlas. Estos son algunos consejos que podemos recomendar.


¿Prohibición?


Prohibir de forma general los dispositivos electrónicos como el teléfono celular no es algo sensato. Sin embargo, es importante que nos planteemos a qué edad nuestros hijos necesitan poseer un teléfono celular, así como el acceso a redes sociales como WhatsApp. Para empezar, y solo para trazar una línea muy «débil», un niño de primaria no necesita tener uno teléfono celular, así como tampoco debería ser necesario, en la mayoría de los casos, durante los primeros años de secundaria.


Por otro lado, hay que acostumbrar a los niños mayores, es decir, a los adolescentes, a ser independientes. Llegará el momento en que ya no estén en casa. Tenemos que prepararlos para ello. Por lo tanto, no será correcto ni sensato controlar a nuestros hijos hasta el último día antes de que dejen el hogar. Debemos enseñarles cómo afrontar esas «libertades» y la responsabilidad que conllevan, y también acompañarlos en este camino, pero con moderación.


Buscar ayuda


Quienes se den cuenta de que no pueden hacer frente a este problema por sí solos (personalmente o como padres) deberían buscar ayuda. No está mal que los padres pidan ayuda, por ejemplo, a los hermanos en la iglesia local, y compartan con ellos sus experiencias. Por supuesto, esto no debe ser para dictar reglas de cómo debemos actuar nosotros o la otra persona. Pero es útil beneficiarse y aprender de las experiencias de los demás, especialmente de aquellos cuyos hijos ya son adultos.


En ningún caso debemos rendirnos cuando observamos que no obtenemos resultados con nuestros hijos. Si tenemos la impresión de que la situación de nuestros hijos se ha salido de control, puede que algunos monitores de jóvenes y otras personas responsables, tal vez ancianos o pastores, elaboren un plan en conjunto con los padres y los niños, que pueda ser aceptado por ambas partes y también aplicado por los padres.


Como padres, somos responsables de nuestros hijos ante Dios. No debemos olvidarlo y no podemos delegar esta responsabilidad a nadie más.



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