top of page

¿Dónde están los muertos?

Leer Lucas 16:19-31


ree

Pero el hombre muere y yace inerte. El hombre expira, ¿y dónde está?” (Job 14:10)


Ninguna cuestión inquieta más profundamente la mente humana. Nos afecta a todos de cerca, tanto respecto a nuestros seres queridos como a nosotros mismos. ¿Quién no ha tenido que despedirse de personas amadas? Con el corazón quebrantado, las hemos visto partir hacia la eternidad y, al comprender que no volveremos a verlas en esta tierra, surge la pregunta inevitable: ¿Dónde están ahora? Luego tomamos conciencia de que también nosotros estamos aquí solo temporalmente, atravesando con rapidez el escenario de la historia humana, y que pronto seguiremos el camino de las generaciones anteriores. Cada cabello canoso nos recuerda que nuestra estancia aquí es breve.


¿Dónde podemos encontrar respuestas a este asunto tan trascendente? El ser humano, por sí mismo, es totalmente impotente en este terreno. No puede conocer nada más allá de su entorno actual. Algunas personas afirman obtener información sobre el mundo invisible a través de sesiones espiritistas. Sostienen que allí se comunican con los muertos y reciben directamente de ellos verdades sobre el mundo espiritual. No existe engaño mayor que este, tramado por Satanás contra los hijos de los hombres. No negamos que ciertas personas conversan con espíritus, pero no son los muertos, sino demonios que los suplantan. Este pecado abominable es duramente condenado en Isaías 8:19-20 y en otros pasajes de las Escrituras. El Espíritu de Dios pregunta con indignación: "¿No debe un pueblo consultar a su Dios?". Únicamente de Dios, a través de su Palabra, podemos aprender algo confiable y cierto acerca del ‘más allá’.


En Lucas 16:19-31 encontramos un relato impactante narrado por el mismo Señor Jesucristo. Nos describe la vida de dos hombres cuyos caminos Él había observado en la tierra; luego, tras la muerte de ellos, el Señor levanta el velo y nos los muestra del 'otro lado'. ¿Quién podría ser más competente para revelar las realidades eternas que Aquel cuya morada eterna era el seno del Padre, y que vino a este mundo para darlo a conocer? Esta solemne historia nos enseña varias verdades claras a las que te ruego prestes atención.


Primero, aprendemos que hay vida más allá de este mundo.


Vemos al hombre rico en sus lujos y al mendigo en su miseria en la tierra, y luego a ambos en otra esfera. La tumba no puso fin a la historia de ellos. La tumba no es el cese de la existencia.


Existen tres tipos de muerte relacionados con el hombre como pecador: la muerte espiritual, la física y la segunda muerte. La primera representa la condición moral de alejamiento de Dios, como leemos en Efesios 2:1: "Muertos en sus delitos y pecados"; la segunda es la disolución del cuerpo; y la tercera es el lago de fuego. Ninguna de ellas significa dejar de existir.


El hombre espiritualmente muerto está lleno de energía para el mal, "satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente" (Ef. 2:3). Aquel que está físicamente muerto aún vive para Dios, como se mostró en la zarza ardiente cuando el SEÑOR habló de Abraham, Isaac y Jacob —muertos desde hacía siglos— en tiempo presente (véase Lc. 20:37-38). Incluso el lago de fuego no significa aniquilación, pues cuando el diablo sea arrojado allí, mil años después que la bestia y el falso profeta, estos aún son vistos allí (véase Ap. 19:20; 20:10 —"donde también están la bestia y el falso profeta").


La muerte es separación: el muerto espiritual está moralmente separado de Dios; el físicamente muerto está separado de su cuerpo y de sus relaciones terrenales; y quien experimenta la segunda muerte estará separado para siempre de Dios y de toda bendición.


Segundo, aprendemos que hay conciencia en la vida futura.


Algunos sostienen que los muertos permanecen inactivos hasta la resurrección y utilizan el término "dormir" como respaldo. Sin embargo, la Escritura únicamente aplica el término 'dormir' al cuerpo, nunca al alma. Lázaro fue "consolado" (Lc. 16:25), lo que indica una felicidad consciente. Para él, la mendicidad, las llagas y el hambre quedaron definitivamente atrás. El hombre rico también mantenía plena consciencia: sufría tormento, percibía su pérdida al observar la dicha de Lázaro, conservaba una memoria activa y experimentaba preocupación por sus cinco hermanos que aún vivían en la tierra. Algunos podrían objetar citando Eclesiastés 9:5: "Los muertos nada saben". Pero debemos considerar el contexto de este pasaje. Los textos sacados de su contexto pueden utilizarse para respaldar cualquier herejía. El autor de Eclesiastés se refiere a las cosas "bajo el sol", y es en este sentido que afirma que "los muertos nada saben". Una persona que administró diligentemente un gran negocio deja de conocer sobre él tras abandonar este mundo. Esto aplica a todos los que parten, en relación con los asuntos terrenales.


Tercero, aprendemos que hay dos estados distintos y opuestos en el mundo invisible.


Lázaro estaba en el seno de Abraham; el rico, en tormentos. Al mencionar el seno de Abraham, el Señor hablaba desde una perspectiva judía. Abraham, padre de la nación y depositario de las promesas, representaba la esperanza de bendición para su descendencia. Sin embargo, desde los acontecimientos descritos en Lucas 16, Cristo ha muerto, resucitado y ascendido como Hombre a la gloria de Dios. Por eso, la dicha de los creyentes que duermen se describe ahora de manera diferente: "Partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor" o "ausentes del cuerpo y habitar con el Señor" (Fil. 1:23; 2 Co. 5:8). Cabe señalar que ni el rico ni Lázaro habían entrado aún en su estado eterno. El rico estaba en el Hades, no en el infierno, y ninguno había resucitado todavía. Uno estará como hombre completo (espíritu, alma y cuerpo) en el lago de fuego eternamente; el otro, también como ser completo, hallará su morada eterna en la casa del Padre. Todo creyente está predestinado a estar con Cristo y ser semejante a Él.


Cuarto, aprendemos que en el más allá, las condiciones son inalterables.


Abraham dice: "Hay un gran abismo puesto entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes no pueden, y tampoco nadie puede cruzar de allá a nosotros". Estas solemnes palabras hacen eco de Apocalipsis 22:11: "Que el injusto siga haciendo injusticias... el que es santo siga guardándose santo". En la tierra ocurren transformaciones profundas: mediante el Evangelio, las personas pasan de muerte a vida (véase Jn. 5:24); pero una vez cruzado el umbral de la muerte, la condición de cada uno queda fijada eternamente. No obstante, muchos teólogos contemporáneos ofrecen falsas esperanzas. Algunos sostienen que Dios, como Padre universal, eventualmente salvará a todos —sea a través de la cruz o de fuegos purgatorios. Otros enseñan que tras el juicio del gran trono blanco, los condenados serán aniquilados. Otros más afirman que rezarán por el alma del rico 'en la iglesia', atribuyendo gran poder a las oraciones por los difuntos. Sin embargo, ninguna de estas ideas modernas era conocida ni por Abraham ni por el alma perdida que conversaba con él. Su respuesta no contiene ni un atisbo de esperanza.


Cabe preguntarse entonces: ¿qué llevó a este hombre a tan terrible destino? ¿Fue acaso uno de los peores criminales, un caso ejemplar para advertencia? No se menciona tal cosa. No se le acusa de embriaguez, adulterio, blasfemia ni profanación del día del Señor. ¿Qué causó entonces su ruina? Simplemente el haber vivido solo para el presente. Estaba tan favorecido con los bienes de este mundo que se entregó completamente a disfrutarlos, olvidando a Dios y a su alma. Fue más bien una persona negligente que alguien que haya rechazado la verdad deliberadamente. Hay miles como él hoy en día.


Estimado lector, quienquiera que usted sea, considere esto: no necesita violar abiertamente los mandamientos divinos para asegurarse el infierno; basta con seguir su camino sin Dios ni su Hijo, y aunque lleve una vida moral y decente, estará perdido eternamente. "¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?" (He. 2:3). Los cobardes y los incrédulos compartirán el destino de homicidas, hechiceros y demás en el lago de fuego (véase Ap. 21:8).


Una última enseñanza de esta historia solemne: nuestra única esperanza es la Palabra de Dios.


Cuando el rico suplicó que Lázaro fuera enviado a sus hermanos vivos, Abraham respondió: "“Ellos tienen a Moisés y a los profetas; que los oigan a ellos". Esto se refiere, naturalmente, a las Escrituras. En ellas se revela tanto la gravedad de la culpa humana como el amor de Dios, manifestado en el don de su Hijo unigénito. El Evangelio ofrece perdón y justificación, completa y gratuitamente, a todos los que creen en el Hijo.


Algunos contemporáneos son más incrédulos que el rico: se burlan de la autoría de Moisés y los profetas sobre los libros que llevan sus nombres. Para ellos, ni Moisés ni Abraham existieron jamás. El hombre de Lucas 16 no llegaba a tal incredulidad. Él pensaba que algo extraordinario —como una aparición del más allá— provocaría el arrepentimiento de sus hermanos. ¡Cuán engañoso es el corazón humano! Cuando el Señor Jesús resucitó de entre los muertos a un hombre con el mismo nombre (véase Jn. 12:10-11), los testigos, lejos de arrepentirse, se enfurecieron aún más contra Él. Únicamente la Palabra de Dios, recibida con fe obediente, puede producir verdadero arrepentimiento hacia Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo (véase Hch. 20:21).


“Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8).


“Yo no me complazco en la muerte de nadie», declara el Señor DIOS. «Arrepiéntanse y vivan».” (Ez. 18:32).


"Vengan ahora, y razonemos, dice el SEÑOR, aunque sus pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán" (Is. 1:18)


Traducido de www.stempublishing.com Título original: «The Dead: Where are they?»

Comentarios


ARTICULOS RECIENTES

© 2020 Granos de Vida (Chile)

  • Facebook - Grey Circle
  • Twitter - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle
bottom of page