SOBRE LA HEREJÍA

G. V. Wigram

Traducido de «Memorials of the ministry of G. V. Wigram; Vol. 2, Part 1, Ecclesiastical»

(Nota del traductor: La palabra herejía, a la cual hace referencia el autor, es el término original utilizado en porciones tales como 1 Corintios 11:19, Gálatas 5:20, 2 Pedro 2:1, Tito 3:10, y que en la actualidad es traducido como divisiones o disensiones. La palabra proviene del griego jairesis. Este es el sentido original de la palabra y no la definición que hoy existe en nuestros diccionarios. Esto se debió, principalmente, a que las grandes herejías (divisiones) en la época primitiva de la iglesia se debieron a falsas doctrinas, por lo que, se llegó a tratar la palabra herejía como un sinónimo a falsa doctrina)

La herejía no es apartarse de la figura de la verdad, sino del Espíritu de verdad, y somos llamados a juzgar el espíritu del hereje como una obra de la carne más que como el fruto de un error doctrinal.

Las Escrituras nos son dadas por Dios como «un depósito y estándar de la verdad»; ellas contienen todo lo que necesitamos saber como cristianos, y todo error debe ser detectado por medio de ellas.

Pero, ¿quién es el interprete de la Escritura? Yo respondo: «El Espíritu Santo». Así como el Señor Jesucristo es el principal tema de todo el testimonio de la Escritura, así el Espíritu Santo es su único intérprete autorizado e infalible. Es verdad, Él le da a cada niño en Cristo la unción por la cual conocer todas las cosas, y también da diversas medidas de capacidad para comprender; Él también puede dar maestros a la Iglesia, y dones de sabiduría y conocimiento, los cuales son vínculos benditos entre Él, el Intérprete, y los niños a quienes Él enseña; obviamente aquel que es instruido, es decir, el aprendiz, debe ser diligente y prudente en estudiar la Palabra, y también debe poseer una conciencia pura y sin mancha. Sin embargo, el Espíritu Santo siempre será el único Intérprete; Él, como Dios, conoce y aprecia plenamente los planes de Dios y la gloria de Cristo, y su habilidad y voluntad y fidelidad lo que constituye la seguridad de cada alma que recibe su propia medida de verdad. Al honrarlo a Él, los creyentes encontrarán un gran poder, aumento y unidad en la verdad; sin embargo, lo opuesto también es cierto si se le deshonra. Que Él nos guíe mientras consideramos la «herejía»
*

* La palabra jairesis, herejía, significa una elección; el verbo jairetizo, heretizar, aparece en Mateo 12:18: "He aquí mi siervo, a quien he escogido". Hay otra palabra similar a esta: jaireo, utilizada en Filipenses 1:22: "no sé entonces qué escoger"; y en 2 Tesalonicenses 2:13: "Dios os haya escogido"; y en Hebreos 11:25: "escogiendo antes ser maltratado".

La forma más insidiosa de hacer esto es poniendo a los dones por sobre el Dador; confiar en el maestro o en su sabiduría, o en la mente divina en nosotros mismos y su propio crecimiento, y, de esta forma, olvidar a la Persona del Espíritu Santo y su obra, sin cuyo poder actual todo tiende solamente a la ruina.

Lo primero que mencionaré es que la Palabra nos dice que la herejía es una obra de la carne: "manifiestas son las obras de la carne, que son: ... enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías" (Gálatas 5:19-20 RVA). Independientemente de si la carne aquí es vista, más directamente, como la raíz de donde surge la herejía en el principio de ella misma, o como la motivación de las sectas y facciones en las que se manifiesta la herejía, eso no viene al caso; ambas cosas son verdaderas. Si alguien, en lugar de buscar la guía del Espíritu Santo, incursiona con su propia mente en las Escrituras, entonces verá algo en el Libro que realmente no está allí, o los contenidos del Libro serán tomados fuera de su debido lugar e importancia relativa, etc., y ahí es donde comienza la herejía. El tal ha deshonrado (quizás inconscientemente) al Espíritu Santo y se ha honrado a sí mismo. La levadura de la herejía, por así decirlo, ya está obrando en él; si es así, y si él no se juzga a sí mismo, entonces la levadura comenzará, tarde o temprano, a manifestarse. Comenzará a abordar cosas que no están en lo absoluto en la Palabra, o abordará una conexión o aplicación de cosas que no son ciertas, o puede disminuir la importancia de la verdad fundamental, o magnificar indebidamente la importancia de algún elemento o punto de una verdad estructural. No importa realmente como se manifiesta esto. Tratará la verdad no como lo haría un hombre guiado por el Espíritu. Además, cuando el enemigo está trabajando a través de la herejía, rara vez toma como instrumentos a aquellos que son ofensivos a la naturaleza humana, por el contrario, utilizará a quienes poseen muchas bellezas, capacidades u ornamentos naturales para cubrir su vil propósito; sin embargo, el crecimiento y explosión de esta burbuja llevará a los creyentes a que juzguen esto. Si no se anticipan al mal, entonces el tal se levantará y luego caerá; él atraerá discípulos tras él; y formará una secta alrededor de él, y el hombre será, manifiestamente, un hereje (Tito 3:10 RVA); el progreso de esta obra, a menos que la gracia lo prevenga, terminará siendo, a través de la disminución de la confianza en Cristo y la presencia personal del Espíritu Santo, la destrucción de todo el grupo (2 Pedro 2:1).

Tengamos esto bien en cuenta: la herejía es un mal moral y está dentro de la Iglesia; comienza con un hombre que se interpone a sí mismo en el lugar del Espíritu Santo en cuanto a la interpretación y comprensión de la verdad . . . el cautiverio de la mente humana se vuelve evidente, y el mal obra hasta lograr el cisma del cuerpo en sectas. De esta manera, debemos recalcar, la herejía se convierte en una negación práctica de Filipenses 3:15-17.

Hermanos, esta es una palabra solemne: "Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros" (1 Co. 11:19) El Espíritu Santo nos asegura que solamente Dios puede y preservará a los suyos; pero los creyentes deben velar. Les ruego a ustedes, pobres del rebaño, que comprendan que la herejía dice relación más con el espíritu en el que se retienen las cosas, y cómo se abordan y propagan. Todo cristiano, por simple que sea, puede velar con respecto al espíritu con el cual sus amigos sostienen y exponen sus puntos de vista. ¿Es su espíritu como el de Cristo? ¿Es como el de los apóstoles? ¿Sostiene la verdad en su lugar y proporción? ¿Es la conciencia, y no solamente el intelecto, la que se ejercita? Todas estas son preguntas que hasta el más simple entre los santos puede aplicar.

Las palabras herejía y secta aparecen en el griego como jairesis. La palabra es utilizada correctamente en Hechos 5:17, "la secta de los saduceos", Hechos 15:5, "la secta de los fariseos", y Hechos 26:5, "la más rigurosa secta de nuestra religión". Estos eran partidos o sectas formadas por los judíos, cuyas mentes habían jugado con la religión judía. El pensamiento común era que «la religión de Cristo» había sido formada de la misma forma que estas sectas, esto queda claro por pasajes como Hechos 24:5, donde Tértulo acusó a Pablo, delante de Felix, de ser "cabecilla de la secta de los nazarenos", y Pablo admitió que "según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres" (v. 14), a esto añadimos lo que dijeron los judíos en Roma acerca de Pablo en Hechos 28:22: "porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella"

Así como una herejía comienza cuando la mente natural juega con la verdad, su modo y medios de éxito son lograr que los santos aborden puntos y preguntas difíciles, y pensar sobre ello en lugar de orar. Pablo comunicó su evangelio de forma privada a los de reputación (Gá. 2:12); el hereje también lo hace en privado, pero a los débiles, y especialmente a las mujeres (2 Ti. 3:6); y esto, según mi experiencia de más de 20 años, es lo que siempre he visto, y esto es obvio, pues los simples, por un lado, a menudo quedan desconcertados ante el envanecimiento...lloran por sus perplejidades en secreto y no molestan a nadie con ellas. Por otro lado, a menudo, por ignorancia, serían capaces de negar lo que niegan los herejes en su maldad. Insisto en esto porque esa es la única prueba segura y clara, y cada cristiano puede usarla; de hecho, no podemos aplicar ningún otro examen, porque si bien pocos tienen un gran conocimiento en cuanto a la historia como para saber en que formas de error, doctrinalmente hablando, se ha manifestado la herejía, nadie puede saber que forma tomará en el futuro; y, además, «un error no constituye herejía» y, repito (como ya hemos visto), la peor de las herejías crece por medio de verdades mal aplicadas.

Así como todo ser humano en su sano juicio siente, intuitivamente, que es su deber el cuidar de la vida humana, así todo cristiano responsable debe estar en guardia contra la herejía. Obviamente, al hacerlo debemos vigilar nuestro propio espíritu. Un hombre puede tener las mejores intenciones en sostener fantasías; como por ejemplo, que "el mundo" en Juan 3 significa «el mundo escogido» o que todos los hombres son perdonados, aunque solamente los creyentes son salvos; o que el templo en Apocalipsis 11 es el templo literal; o cosas verdaderas, tales como la gran tribulación
(1), el rapto repentino, etc... la forma en que alguien sostiene e insiste en su pensamiento puede ser tan malo como lo defectivo de su doctrina; sin embargo, la gracia podría ver que no hay una aprobación del mal (las hierbas amargas no son levadura) y las cosas, después de todo, pueden mantenerse en un lugar subordinado y menor.

Algunas herejías (i. e. divisiones) se han formado bajo la negación de doctrinas fundamentales, como el Arrianismo, y algunas sobre puntos de superestructura, como el Anabaptismo. Pero de todos los tipos de herejía, creo que la peor es la que se forma sobre la verdad, haciendo parecer que la verdad está de un lado y que el Espíritu Santo del lado opuesto. Por ejemplo, si Dios me viera separado en espíritu, afecto, pensamiento o acción de los miembros de Cristo que están sobre la tierra, y posicionado en una sección caracterizada por el conocimiento de la verdad, o por una supuesta libertad del error, o si Él me viera tratando de formar una clase de partido, Él podría, creo yo, ver en mí las marcas distintivas de una herejía incipiente. En ambos casos yo estaría oponiendo la verdad al Espíritu Santo; en el primer caso, yo estaría poniendo al Espíritu de vida en los miembros por debajo del conocimiento o la libertad del error; en el segundo caso, yo, en la práctica, opuesto al Espíritu Santo en su forma de obrar; pues su objetivo no es formar escuelas de buenos pensamientos o libres de defectos y errores, sino edificar a los miembros vivos de la familia de Dios en separación para Dios y en amor fraternal. 

Y, debemos recalcar también, que no solamente se trata de que una secta tome una verdad por fundamento y la oponga al Espíritu Santo, la cuál es la peor forma de herejía; sino también el hecho de que la intensidad del mal incrementará de forma proporcional a la pureza de la verdad; por ejemplo, una secta edificada sobre una correcta visión de una ordenanza sería algo malo; pero una secta edificada sobre una correcta visión de la resurrección y la gloria, o cualquier punto de ellos, sería aún peor; si, la peor de todas sería una secta edificada sobre una verdad tal como la del poder del Espíritu Santo, que a través de la sangre de Cristo, trae paz para con Dios; tristemente esto puede ser muy común. Este puede ser el resultado, pues si sostengo que la seguridad es la esencia de la fe, puedo terminar no queriendo llamar cristianos a aquellos que no tienen esta seguridad, y puedo formar una secta basándome en una verdad bendita y preciosa, desgarrando una extremidad afiebrada de un cuerpo enfermo y debilitado, y todo esto porque confundí el estado febril con el calor y el resplandor de cada miembro del cuerpo cuando este está saludable, mientras que, paralelamente, el Espíritu Santo a unido en uno a todos los que saben que la sangre de Cristo es para salvación.

Herejía es, en principio, la carne jugando con la verdad, y es dividir en partidos a quienes deberían ser uno. ¡Qué el Señor mantenga a sus santos velando y orando!

La suma de lo que digo es esta: Dios nos ha dado un estándar de verdad, y un Guía para entenderla y usarla. La herejía no es, como algunos piensan, algún error particular en la doctrina, sino  que consiste en la carne poniendo aparte al Guía, tratando por sí misma de usar aquel estándar, lo cual culminará en la formación de las sectas de la antigüedad.

(1)  Creo que los creyentes en la actualidad deben señalar y desacreditar la forma en que muchos, que tienen puntos de vista opuestos sobre el tema, sostienen e insisten sobre el punto de «¿Dónde estará la Iglesia en la Gran Tribulación». Hasta donde el hombre llega en esta forma de actuar es realmente un problema enfermizo y, para la mente espiritual, su tendencia es, al menos, herética. ¿Y cuál es el efecto de buscar arrastrar a todos bajo un mismo pensamiento y darle a este pensamiento un valor fundamental (aunque siendo en sí mismo muy importante porque tiene que ver con nuestra esperanza)? El Señor no acelerará, ni retrasará, ni cambiará sus movimientos a causa de nuestros pensamientos; tampoco enseñará acerca de sus movimientos a aquellos que argumentan y reflexionan sobre la verdad en lugar de orar por ella como no suelen hacerlo. Cuando la verdad se convierte en un tema de argumentación, entonces surgirán argumentos atrevidos como recurso, inferencias y consecuencias, y tradición, y, quizás, se utilizarán amenazas para convencer. Alguien dijo bien acerca de los que tal hacen (cf. Ro. 16:17-18): «para el hombre que sistematizará la verdad, la Biblia dice: 'No soy de tu tipo'». Los cánones de interpretación y los estándares humanos son deficientes a la luz del santuario.