Los peligros de los años de madurez
- J. T. Mawson
- 26 jul
- 3 Min. de lectura

“Has dejado tu primer amor” (Ap. 2:4).
Es común en las exhortaciones públicas dirigir palabras a los creyentes jóvenes, animándolos a la devoción al Señor y advirtiéndolos contra los lazos mundanos y las asechanzas de Satanás. Se da así a entender que los mayores no están expuestos al mismo peligro que sus hermanos más jóvenes. Pero, ¿es esto realmente cierto?
Recientemente, al leer los libros de Crónicas sobre los reyes de Judá, nos llamó la atención descubrir que aquellos reyes que hicieron lo recto ante los ojos del Señor no se desviaron en su juventud, sino en la edad madura y en la vejez.
Pasando por alto el triste relato del declive de Salomón —del cual no parece haberse recuperado—, llegamos a Asa, hijo de Abías (véase 2 Cr. 14).
Asa
Asa comenzó bien su reinado, mostró gran celo al eliminar la idolatría en la tierra y estableció la Ley del Dios de sus padres como norma en su reino. Prosperó y sus enemigos fueron derrotados; disfrutó de larga paz. Pero, después de treinta y seis años de la bondad de Dios para con él, se apartó del SEÑOR y prefirió la ayuda de Ben-adad de Damasco en vez del brazo del SEÑOR. Además, persiguió al profeta de Dios que le había señalado su necedad, y oprimió al pueblo de Dios. Durante los últimos cinco años de su vida padeció una enfermedad gravísima en los pies (véase 2 Cr. 16:11), que no era más que la expresión exterior de la condición moral interior que lo había apartado de su Dios.
Josafat
Josafat comenzó bien, y hasta el final conservó una conciencia sensible, por lo que el SEÑOR estaba con él. No obstante, se alió con el enemigo de Dios, Acab, y parece que lo hizo con el propósito de asegurar un buen matrimonio para su hijo Joram. Este acto trajo mucha aflicción a Judá.
Joás
Joás hizo lo recto ante los ojos del Señor en sus años de juventud, mientras vivió Joiada el sacerdote. Pero cuando este fiel consejero murió, Joás cayó presa de la adulación de los príncipes, permitió el retorno de las imágenes y los ídolos, y llegó a matar a Zacarías, hijo de su antiguo amigo Joiada, cuando este dio testimonio de la verdad. Finalmente, murió a manos de sus propios siervos.
Amasías
Amasías hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR —”aunque no de todo corazón” (2 Cr. 25:2)— al principio de su reinado; pero al final adoró a los dioses de Edom y no quiso oír a los profetas del SEÑOR. “Desde el día en que Amasías se apartó de seguir al SEÑOR, conspiraron contra él en Jerusalén, y él huyó a Laquis; pero lo persiguieron hasta Laquis y allí lo mataron” (2 Cr. 25:27).
Uzías
Uzías tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, e hizo lo recto ante los ojos del SEÑOR, buscó a Dios y este lo hizo prosperar. Pero ya en su vejez, su corazón se enalteció para su ruina, y en su orgullosa presunción pecó contra el Señor DIOS, y murió leproso, a los sesenta y nueve años.
Ezequías
Ezequías fue uno de los más nobles reyes de Judá y fue maravillosamente ayudado por Dios en todos sus caminos. Pero en sus últimos años “no correspondió al bien que había recibido, porque su corazón era orgulloso; por tanto, la ira vino sobre él” (2 Cr. 32:25).
Josías
Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar, y el relato de sus caminos piadosos está lleno de enseñanza y estímulo. Pero, tras treinta años de fidelidad, no quiso oír la voz de Dios por medio de Necao, y cayó muerto.
En conclusión
Estas cosas fueron escritas para nuestra enseñanza. El fracaso de estos siete reyes de Judá debería mostrarnos que nadie está a salvo —sin importar cuánta haya sido su experiencia de la bondad de Dios— si no permanece en constante dependencia de Él.
El conocimiento bíblico y las experiencias espirituales se convierten en un lazo si el corazón se enaltece a causa de ellas y el alma no se mantiene consciente de su propia nada y de la necesidad de la gracia constante de Dios. Fue a la iglesia en Éfeso —tras cuarenta años de conocimiento espiritual y bendición— a la que el Señor tuvo que reprochar: “Has dejado tu primer amor”.
Que Dios guarde a aquellos que envejecen en el camino cristiano del orgullo del corazón, y los mantenga ejercitados en el alma y firmes en la fe, para Su gloria y bendición de los más jóvenes en la fe.
Traducido de la revista "Scripture Truth"
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