GRANOS DE VIDA

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El suicidio y el creyente

Tiempo de lectura: 14:12. Traducción bíblica utilizada: Nueva Biblia de las Américas (NBLA)

Comencemos con una simple definición y algunas estadísticas que pude reunir: El suicidio es quitarse la vida a propósito debido a un amor propio desviado. El término «suicidio» se acuñó en 1651 y procede del latín «sí mismo» (sui) "matar" (cidium). El suicidio es la décima causa de muerte en el mundo y también en Estados Unidos. En Estados Unidos hay dos suicidios por cada homicidio. En todo el mundo, la tasa de suicidios ha aumentado un 60% en las últimas cinco décadas, principalmente en los países industrializados. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un millón de personas se suicidan cada año en todo el mundo, es decir, una muerte cada 40 segundos o 3.000 al día. Por cada individuo que se quita la vida, al menos 20 lo intentan. El suicidio tiene una tasa de mortalidad mundial de 16 cada 100.000 personas. En Estados Unidos se producen aproximadamente 45.000 suicidios al año, frente a 19.000 asesinatos y 13.000 muertes relacionadas con el sida. Aproximadamente 500.000 personas intentan suicidarse cada año. El suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 25 años. El 72% de los suicidios exitosos son de hombres blancos en Estados Unidos. En 2016, la tasa de suicidio más alta (19,72) se produjo entre los adultos de 45 a 54 años. La segunda tasa más alta (18,98) se produjo en los mayores de 85 años. Los grupos más jóvenes han tenido sistemáticamente tasas de suicidio más bajas que los adultos de mediana edad y mayores. En 2016, los adolescentes y adultos jóvenes de 15 a 24 años tuvieron una tasa de suicidio de 13,15. En promedio hay 123 suicidios por día. Las mujeres tienen más probabilidades de intentar suicidarse; sin embargo, los hombres tienen cuatro veces más probabilidades de suicidarse con éxito. Las armas de fuego representan el 51% de todos los suicidios en 2016. El 16,5% de los suicidios en Estados Unidos están relacionados con el alcohol. Un alcohólico tiene entre 5 y 20 veces más riesgo de suicidarse que el resto de la población. Los individuos que abusan de las drogas tienen entre 10 y 20 veces más probabilidades de quitarse la vida. Aproximadamente el 33% de los suicidios entre los menores de 35 años tienen un diagnóstico primario de abuso de alcohol u otras sustancias. Entre los suicidios de adolescentes, el consumo de alcohol o drogas es un factor que influye hasta en el 70% de los casos.

Esperanza para un mundo herido

Sería fácil perderse en todas estas estadísticas, pero ¿qué hay detrás del suicidio? ¿Cuál es la causa? ¡La pérdida de esperanza! Nos dicen que la gente puede vivir sin comida durante mucho tiempo. Podemos vivir sin agua durante menos tiempo, pero no podemos vivir sin esperanza. Una vez que se pierde la esperanza, los hombres y las mujeres buscan la manera de acabar con su vida. ¡Esta es una obra del enemigo, Satanás, el diablo y el destructor!

En el salmo 42 leemos al menos tres veces la expresión: “¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!". En días difíciles como los que vivimos actualmente, y para todos los días, hay una esperanza que tenemos como seguidores de Jesucristo. Es una esperanza que está anclada en el cielo, y que es segura y firme. ¡Se trata de una promesa que viene de parte de un Dios que no puede mentir!


La Biblia nos dice que Satanás tentó al Señor Jesús para que se suicidara (Mt. 4:5-6, Lc. 4:9-11). El carcelero de Filipos había tomado la decisión de suicidarse, pero lo interrumpieron, y luego fue conducido a Cristo (Hch. 16:27-28). Algunos de los siervos del Señor se frustraron tanto con su servicio que pidieron a Dios que los matara, entre ellos: Moisés (Nm. 11:12-15), Elías (1 R. 19:4) y Jonás (Jon. 4:1-11). Durante la gran tribulación, muchos intentarán suicidarse, pero no hallarán la muerte (Ap. 9:6).


Hasta donde sé, la Biblia menciona a seis personas que se suicidaron: Abimelec (Jue. 9:54), Saúl (1 S. 31:4), el escudero de Saúl (1 S. 31:4-6), Ahitofel (2 S. 17:23), Zimri (1 R. 16:18) y Judas (Mt. 27:5). Cinco de estos hombres se destacaron por su maldad (el escudero de Saúl es la excepción, pues no se nos dice nada sobre su carácter). Algunos catalogan la muerte de Sansón como un suicidio, porque sabía que sus acciones lo llevarían a la muerte (Jue. 16:26-31), pero el objetivo de Sansón era matar a los filisteos.

La Biblia equipara al suicidio con el asesinato, pues se trata del asesinato de uno mismo, tal como hemos visto en la definición al inicio de este articulo. Dios es el único que debe decidir cuándo y cómo debe morir una persona. Debemos decir con el salmista: "En tu mano están mis tiempos" (Sal. 31:15). Dios es el dador de la vida. Él da y quita (Job 1:21). El suicidio, el quitarse la vida, es un acto impío, pues rechaza el don de la vida, el cual proviene de Dios. Ningún hombre o mujer debería tener la arrogancia de tomar la autoridad de Dios sobre sí mismo para acabar con su propia vida.


Algunas personas en la Escritura sintieron una profunda desesperación en su vida. Salomón, en su búsqueda del placer, llegó al punto de aborrecer la vida (Ec. 2:17). Elías estaba atemorizado, deprimido y anhelaba la muerte (1 R. 19:4). Jonás estaba tan enojado con Dios que deseaba morir (Jon. 4:8). El apóstol Pablo llegó a un punto en el que declaró: "fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida" (2 Co. 1:8).


Sin embargo, ninguno de estos hombres se suicidó. Salomón aprendió a temer a Dios y a guardar sus mandamientos, “porque esto es el todo del hombre" (Ec. 12:13). Elías fue consolado por un ángel, se le permitió descansar y se le dio una nueva comisión. Jonás fue amonestado y reprendido por el Señor. Pablo aprendió que, aunque la presión a la que se enfrentaba estaba más allá de lo que podía soportar, el Señor puede soportar todas las cosas: "Tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos" (2 Co. 1:9).

Así que, según la Biblia, el suicidio es un pecado. No es el "mayor" de los pecados, ni es peor que otros males, en términos de cómo lo ve Dios, y tampoco determina el destino eterno de una persona. Sin embargo, el suicidio definitivamente tiene un impacto profundo y duradero en los que quedan en esta tierra. El suicidio deja cicatrices muy dolorosas, las cuales no se curan tan fácilmente. Que Dios conceda su gracia a cada uno de los que se enfrentan hoy a diversas pruebas (Sal. 67:1). Y que cada uno de nosotros tenga esperanza en la siguiente promesa: "todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Ro. 10:13).

Las Escrituras nos enseñan que tenemos la vida eterna asegurada desde el momento en que creímos verdaderamente en Cristo (Jn. 3:16). Según la Biblia, los cristianos pueden saber con certeza que poseen la vida eterna (1 Jn. 5:13). Nada puede separar a un cristiano del amor de Dios (Ro. 8:38-39). Ninguna "cosa creada" puede separar a un cristiano del amor de Dios—e incluso un cristiano que se suicida es una "cosa creada". Por lo tanto, ni siquiera el suicidio puede separar a un cristiano del amor de Dios. Jesús murió por todos nuestros pecados, y si un verdadero cristiano, en un momento de ataque y debilidad espiritual, se suicida, su pecado sigue siendo cubierto por la sangre de Cristo.

El suicidio no determina si una persona obtiene la entrada al cielo. Si una persona incrédula se suicida, esta no ha hecho nada más que acelerar su viaje al infierno. Sin embargo, esa persona que se suicidó estará en última instancia en el infierno por haber rechazado la salvación a través de Cristo, no porque se haya suicidado (véase Jn. 3:18). Sin embargo, también debemos señalar que nadie sabe realmente lo que estaba pasando en el corazón de una persona en el momento en que murió. Algunas personas que se convierten a Cristo en su lecho de muerte, momentos antes de fallecer. Y es posible que una persona que se suicida tenga un cambio de corazón en el último momento y clame por la misericordia de Dios. Esto lo dejamos en manos de Dios, quien mira el corazón (1 S. 16:7).

El suicidio de un creyente es una demostración de que cualquiera puede tener que luchar contra la desesperación, y que nuestro enemigo, Satanás, es "un asesino desde el principio" (Jn. 8:44). El suicidio sigue siendo un grave pecado contra Dios. Según la Biblia, el suicidio es un asesinato, y siempre está mal. Los cristianos están llamados a vivir su vida para Dios, y la decisión de cuándo morir es de Dios, y solamente de Dios.

Que Dios conceda la gracia y la perspectiva del salmista a cada uno de los que hoy se enfrentan a diversas pruebas: “¿Por qué te desesperas, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues lo he de alabar otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!” (Sal 43:5).

Hechos 16 relata la historia de de Pablo y Silas en la cárcel de Filipos. Después de que un terremoto abriera las puertas de la prisión, el carcelero sacó su espada para suicidarse, pensando que todos los prisioneros que tenía a cargo habían escapado. Pero Pablo gritó: "No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí" (Hch. 16:28). Entonces Pablo y Silas le compartieron el evangelio y, como resultado, toda la familia del carcelero recibió a Cristo.

Lo que hemos visto hasta ahora puede darnos una base bíblica firme sobre la que pararnos. Podemos aprender cinco simples verdades que nos ayudarán en este tema del «suicidio y el cristiano».

1. Hay veces que los creyentes pueden sentirse tan mal que desean morir.

Moisés estaba bajo una tremenda presión de parte del pueblo para que los llevara de vuelta a Egipto. Estaban insatisfechos con su liderazgo. Y Dios mismo había enviado fuego contra el pueblo. Moisés dijo: "Yo solo no puedo llevar a todo este pueblo, porque es mucha carga para mí. Y si así me vas a tratar, te ruego que me mates si he hallado gracia ante Tus ojos, y no me permitas ver mi desventura” (Nm. 11:14-15).


Elías atravesó por mucho estrés cuando se opuso solo a 450 profetas Baal, al pueblo de Israel y al propio rey. Dios reivindicó su fe, y él corrió eufóricamente durante kilómetros delante del carro del rey. Entonces se enteró de que la esposa del rey, Jezabel, había jurado matarlo. Atemorizado y agotado, se fue al desierto, se sentó bajo una arbusto y dijo: "Basta ya, Señor, toma mi vida porque yo no soy mejor que mis padres" (1 R. 19:4).

El profeta Jonás mostró una de las actitudes más egoístas de todos los profetas cuando se irritó porque Dios tuvo misericordia de la ciudad pagana de Nínive. Y Dios lo reprendió con un viento del desierto. "Sucedió que al salir el sol, Dios dispuso un sofocante viento del este, y el sol hirió la cabeza de Jonás, así que él desfallecía, y con toda su alma deseaba morir, y decía: «Mejor me es la muerte que la vida" (Jon. 4:8). A veces perdemos de vista nuestra esperanza, y el desánimo se convierte en depresión, la depresión se convierte en desesperación, y la desesperación puede llevarnos a pensar en rendirnos.

2. Es pecado cumplir ese deseo quitándonos la vida.

Suicidarse es pecado. Por al menos tres razones:


En primer lugar, se trata de una desobediencia al mandato de Dios: "No matarás" (Ex. 20:13). Y la desobediencia a los mandatos de Dios es un pecado. En segundo lugar, es una arrogancia sobre las prerrogativas soberanas de Dios de dar y quitar la vida. Solamente Dios puede crear un ser humano, y por tanto la condición de persona pertenece a Dios. No tenemos derecho a disponer de nosotros mismos o de los demás como queramos. El Señor es el único que tiene derechos sobre lo que ha hecho. El asesinato y el suicidio se inmiscuyen en el terreno sagrado donde solo Dios es el que da y el que recibe.

En tercer lugar, es no confiar en Dios para obtener la ayuda necesaria para sobrevivir y sobrellevar la situación. Y la Biblia dice que todo lo que no proviene de la fe es pecado (Ro. 14:23). El suicidio de alguien no es culpa de los familiares o amigos del círculo cercano. Si un cristiano se quita la vida, él tendrá que dar cuenta de ello ante el Señor. No es culpa de los que quedan atrás.

Por lo tanto, cuando decimos: «el suicidio es pecado», lo decimos con un fundamento bíblico.


3. A veces la fe puede estar tan débil que el corazón cede a este grave pecado

El séptimo capítulo de Romanos describe cómo los cristianos luchan contra la corrupción que hay en nuestras vidas: “Porque lo que hago, no lo entiendo. Porque no practico lo que quiero hacer, sino que lo que aborrezco, eso hago” (Ro. 7:15)


"Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8)

Pero esto no significa que la salvación de Jesús entre y salga de nosotros con cada pecado que cometemos. Cuando un creyente cede a la tentación, su fe en Cristo es débil, y las tentaciones del pecado y el poder de Satanás se imponen. Pero hay una gran diferencia entre el hecho de que Satanás obtenga una ventaja temporal y pensar que Satanás sea el señor de la vida. Hay una gran diferencia entre ceder, con resistencia, a un mal que odio hacer, y hacer ese mal como parte del patrón usual de mi vida. Un creyente puede sacar su mirada del Señor y perder la esperanza, pero el Señor nunca le quitará su mirada y nada puede arrebatarnos de su mano (Jn. 10:27).

4. La única manera en que el pecado puede ser perdonado es en nuestra relación con Jesucristo por la fe.

La vida de una persona no se define por su última acción y tampoco su destino está determinado por su última decisión. Nuestro destino, donde pasaremos la eternidad, solo depende de si estamos o no cubiertos por la sangre de Jesucristo.


Cada uno de nosotros es un pecador. La Biblia nos dice que "todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios" (Ro. 3:23). La Biblia también dice que "la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 6:23).

En Efesios 2, Pablo nos recuerda que, debido al pecado, la humanidad está muerta en sus “delitos y pecados". Pon atención a lo que la Biblia dice allí:


Él les dio vida a ustedes, que estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia ustedes han sido salvados), y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús, a fin de poder mostrar en los siglos venideros las sobreabundantes riquezas de Su gracia por Su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:1-9)

¡Es por esto que el Señor Jesús vino a morir en la cruz!


"Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:4-6)

Jesucristo vino al mundo para dar su vida en rescate; para pagar el precio de nuestro pecado; para que tengamos el perdón de nuestros pecados. Así que la pregunta para cada uno de nosotros es: ¿tenemos una relación de fe con Jesucristo para que nuestros pecados sean perdonados? Es el regalo más precioso del mundo. ¡Y no hay otro camino para que un pecador llegue a Dios que no sea a través de la sangre derramada del Hijo de Dios, Jesucristo!


5. Por lo tanto, no dejes que el suicidio de alguien sea en vano.

Puede que no entendamos su muerte, y puede que nos preguntemos cómo pudo ocurrir, o por qué ocurrió, pero no dejemos que su muerte sea en vano. Un creyente tiene una esperanza que está más allá de este mundo, puede que temporalmente pierda de vista su esperanza, pero su Esperanza no lo perderá de vista. La Biblia nos dice que Jesucristo es nuestra esperanza (1 Ti. 1:1). También nos dice que antes de Cristo estábamos sin esperanza y sin Dios en el mundo (Ef. 2:12), pero que cuando "confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación" (Ro. 10:9-10).

La Biblia nos dice que cuando ponemos nuestra fe en la obra consumada del Señor Jesucristo, entonces ya “no hay condenación para los que están en Cristo Jesús" (Ro. 8:1). Y más adelante continúa diciendo: "Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 8:38-39).


¿En qué punto te encuentras? El salmista escribió: "Esperé pacientemente al Señor, Y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos" (Sal. 40:1-2). Esto es lo que el Señor puede hacer por cada uno de los que leen esto. Y si eres un creyente que se siente en un pozo de desánimo o desesperación, clama a Él, ¡no te desanimes! Si eres alguien que no tiene esperanza, clama a Él. ¡Él es capaz de sacarte del pozo en el que te encuentras! No hay pozo demasiado profundo del cual Su amor no pueda sacarte. Cualquiera sea tu dificultad, no existe un problema demasiado grande, ni un pecado demasiado fuerte, del que el Señor Jesús no pueda rescatarte. ¡Solo clama a Él hoy! ¡Clama a Él ahora!


Traducido de: http://anchorsforlife.org/suicide-and-the-believer/



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