GRANOS DE VIDA

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Crecimiento Espiritual (Parte I)



Este es un pequeño resumen de las reuniones para jóvenes realizadas en Valparaíso, Chile, el día 31 de Agosto de 2019.


Naturalmente hablando, todos esperamos que haya crecimiento. Es decir, cuándo somos pequeños anhelamos crecer y ser más grandes. Infaltables eran las paredes marcadas con el crecimiento nuestro y el de nuestros hermanos y cada vez que debíamos medirnos nuevamente era un desafío. ¿Cuánto habré crecido? ¿Seré más alto que mi hermano/a? Lo mismo sucede cuando un niño desea ir a algún juego que exige una estatura mínima para participar. El niño espera con ansias el día en el cuál por fin superará esa altura y podrá subirse a tal o cual atracción. Es igual cuándo hacemos una huerta. Aproximadamente en Agosto (en el hemisferio sur) comenzamos a plantar los almácigos (plantines le dicen en otros países) en tierra, pero antes de eso plantamos la semilla y esperamos día tras día verla germinar y dejar salir su brote sobre la tierra. ¡Cada día es un desafío! Hay plantas que se marchitan y finalmente mueren, pero otras crecen vigorosas hasta comenzar su floración, la cuál, sabemos, dará pronto paso al fruto. Donde quiera que haya vida, y el tiempo corra, entonces habrá (o debe haber) crecimiento.


Cuando entramos en el plano espiritual no es diferente, de hecho, muchas cosas del reino vegetal y animal encuentran su aplicación en el plano espiritual. Eso queda en evidencia cuando vemos la gran cantidad de referencias que encontramos en la Palabra de Dios. Se nos habla de la vid, el olivo, la higuera, de hijitos, jóvenes, padres, etc... Por lo tanto, si la gracia de Dios nos ha atraído a los pies de Jesús, de manera que ahora tenemos una nueva vida, una vida que nace de arriba y que es por medio del agua y del Espíritu (Jn. 3:5 y 7 LBLA), entonces lo natural, espiritualmente hablando, es que haya crecimiento.


De manera que lo que debemos ver en todo verdadero creyente es aquello que llamamos «crecimiento espiritual». Cuando recién nos cambiamos a vivir a la casa en la que vivimos ahora, en nuestro patio había muchísimo árboles (aún los hay), pero nos mudamos en Julio, es decir, en una época en la cual la mayoría de los árboles pierden todas sus hojas. Podíamos distinguir entre los árboles, una higuera, parras, ciruelo, damasco, nogal, granado, peral. Pero había un árbol que no podíamos identificar, era un árbol que, al igual que el resto, no tenía hojas. Con el pasar de los días los árboles comenzaron a dar sus flores y hojas, pero este misterioso árbol permaneció en su condición anterior. Estaba seco, muerto, sin vida. Resulto ser un naranjo (coincidentemente, los naranjos son de hoja perenne, es decir, no la pierden), pero al no contar con las hojas, no lo pudimos identificar. Mas tarde, todos los árboles dieron su fruto, y el naranjo fue cortado y reservado para el fuego. Esta pequeña ilustración nos puede mostrar un poco lo que es la vida espiritual del cristiano. Dios espera ver que crezcamos, florezcamos y demos fruto. Pero cuando no hay hojas, no hay flores, no hay fruto, es evidente que el árbol está seco, muerto, no tiene vida. Es decir, el tal jamás nació de lo alto, y si bien adoptó una profesión de cristianismo, su profesión solo sirve para ser cortada y echada al fuego (Jn. 15:6). Sin embargo, si realmente hay vida en aquel que profesa seguir a Cristo, entonces lo normal es ver esa semilla germinar, las raíces crecerán, el tallo romperá la tierra, nacerán las primeras hojas, lo que dará lugar a un crecimiento lento, pero verdadero y seguro, el cual culminará en un frondoso árbol que de fruto para Dios.


La Palabra nos dice que este crecimiento debe ser en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. ¿Pero qué significa esto? ¿Qué debemos hacer para crecer? ¿Cómo luce un cristiano que está en crecimiento? Estas y otras preguntas buscaremos responder en este pequeño estudio.


¿Qué se necesita para crecer?


Tomándonos del ejemplo de las plantas. Para crecer, ¿qué debe poseer la planta? Vida. Para tener vida primero hay que nacer. ¿Cómo nace una planta? Bueno, primero debe haber una semilla y luego ciertas condiciones ideales para que esta semilla germine y se convierta en una planta. Pero todos estaremos de acuerdo en que para que una planta crezca debe haber vida en ella, vida que surgió por ciertas condiciones ideales que surgieron en una semilla. Para que alguien crezca en la gracia y el conocimiento del Señor Jesucristo, primero debe haber nacido de nuevo.


El nuevo nacimiento


El nuevo nacimiento es una obra sobrenatural, una obra de Dios. Leamos Juan 3:1-5:


"Y había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un gobernante de los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: —Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro porque nadie puede hacer estas señales que tú haces a menos que Dios esté con él. Respondió Jesús y le dijo: —De cierto, de cierto te digo que, a menos que nazca de nuevo (de arriba), uno no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: —¿Cómo puede nacer un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús: —De cierto, de cierto te digo que, a menos que nazca de agua y del Espíritu, uno no puede entrar en el reino de Dios".


En el versículo 3, el Señor Jesús deja en claro que una de las condiciones para ver el reino de Dios (i. e. crecer) es nacer de nuevo (o nacer de arriba según otras traducciones). Ante la impresión y el desconcierto de Nicodemo, el Señor Jesús dice que el nuevo nacimiento consiste en nacer de agua (por la Palabra) y del Espíritu. El hombre natural se encuentra "muerto en sus delitos y pecados", y no puede ser regenerado (Ro. 8:6-8), como tal, está condenado delante de Dios y debe sufrir toda el castigo de la justa ira de Dios contra el pecado (Ro. 6:23). Ahora bien, Dios no dejó esto sin pruebas claras de que es así. Todo el Antiguo Testamento trata acerca de cómo Dios probó al hombre natural bajo distintas responsabilidades que apelaban al cumplimiento de la voluntad de Dios. Lo probó sin ley, con ley, bajo pacto, bajo teocracia, bajo sacerdocio, bajo rey, y, finalmente, bajo la prueba más sublime de todas, enviando a su Hijo... Pero en todas estas pruebas el hombre fracasó. La humanidad entera quedó condenada, pues demostró que la "intención de la carne es enemistad contra Dios". Es por ello que Dios condenó al primer hombre en la cruz del Calvario, allí el primer hombre llega a su fin, y tres días después Dios levantó al Primogénito de entre los muertos, a Jesucristo, Cabeza de una nueva creación.


Por lo tanto, y resumimos con esto, pues no es el objetivo de esta reunión el estudiar el nuevo nacimiento en sí, que los esfuerzos carnales jamás podrán mejorar nuestra condición ante Dios, que el primer hombre no tiene arreglo y el fin de su prueba es la cruz del Calvario, pero, al mismo tiempo, esta cruz es el comienzo de una nueva creación, que para el creyente comienza con el nuevo nacimiento, en el cual, por medio de la Palabra y el Espíritu, el pecador puede poner su fe en este Salvador y Señor capaz de hacer de él una nueva criatura (2 Co. 5:17, Gá. 6:15).

Continuará en una segunda parte.

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