GRANOS DE VIDA

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Construyendo un matrimonio sólido (Parte II)


Traducido del Inglés

El componente de los roles bien definidos Hoy en día existe tal ataque al matrimonio, que nuestra sociedad ha terminado con redefinir los roles dentro de él. El mundo en el que vivimos ha tratado de cambiar no sólo el significado del matrimonio, sino inclusive los roles dentro del (así llamado) matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer. Pero, ¿cuál es el estándar sobre el que podemos edificar nuestro matrimonio? ¡Lástima que no tenemos un «manual para matrimonios» por el cual guiarnos con respecto a cuales son los roles que existen dentro de un matrimonio! ¡Oh!, pero… ¿acaso no tenemos tal manual? ¡Claro que sí! ¿Cuál es y donde lo compramos? ¡Ese manual es la Palabra de Dios! Echemos un vistazo a lo que la Biblia tiene que decirnos acerca de los roles de un esposo y una esposa. El rol del esposo La Biblia nos dice que el esposo es cabeza de la esposa: “Quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Co. 11:3); y una vez más en Efesios 5:23 (RVA-2015): “porque el esposo es cabeza de la esposa”. Estos versículos han sido trastocados y mal utilizados de diversas maneras, es por eso que debemos tener un entendimiento adecuado sobre lo que esto significa. No significa que el esposo sea señor sobre la esposa de una manera dictatorial o como si se tratase de un régimen. Lo que significa es que él la debe guiar. Aquí el «ser cabeza» no tiene nada que ver con la igualdad; ¡en Cristo todos somos iguales delante de Dios! ¡«Ser cabeza» tiene que ver con la función dentro del orden divino establecido en la Escritura! Si volvemos a 1 Corintios 11:3, leemos: “Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”. Note bien el orden existente en este versículo; Dios, Cristo, el varón, la mujer. Existe un orden de función y no un orden de igualdad, leemos en otras Escrituras que el Padre y el Hijo son iguales (Juan 10:30; 14:9, Col. 1:15; 2:9), pero sabemos que sus funciones son diferentes. Vemos en el Nuevo Testamento que el Hijo se sometió voluntariamente a la voluntad del Padre (Juan 4:34, 5:30, 6:38; Mt. 28:18). Así como el Padre y el Hijo son iguales en esencia e igualdad, pero tienen diferentes funciones en sus roles, ¡así también el esposo y la esposa! El esposo no está solamente para conducir a su esposa, ¡sino que él tiene que amar a su esposa! Una lectura cuidadosa de las instrucciones dadas a los esposos en Efesios 5:21-33 nos mostrará cómo debemos amar a nuestras esposas. Pedro desafía al esposo a honrar a su mujer (1 Pedro 3:1-7). ¡Honrarla en la forma en que la trata y en cómo la ve! Pablo nos recuerda que el esposo ha de sustentar y proveer para su esposa y familia (1 Ti. 5:8). Job nos es un ejemplo de un esposo y padre que era el líder espiritual en su hogar (Job 1:1-5). Esto no debe ser dejado a la esposa, ¡es responsabilidad del marido! ¡Cuándo un esposo cumple su rol, entonces el matrimonio es fortalecido y la familia es capaz de ser un testimonio para Cristo! El rol de la esposa en el matrimonio ¡Este puede ser un tema muy sensible en la sociedad que vivimos hoy en día! Las mujeres han sido oprimidas de diversas formas en el pasado e inclusive en el día de hoy, ¡pero tales cosas no son bíblicas y no es nuestra intención! Pero es bueno echar un vistazo a las visiones bíblicas del rol de la mujer en el matrimonio. ¡Hoy en día la “sujeción” es vista como una mala palabra! Pero esta palabra ha sido puesta en un estándar muy elevado, pues la Biblia nos dice que el Señor Jesucristo se sometió a la voluntad del Padre (Fil. 2:5-8). Como ya hemos dicho, ¡la sumisión no tiene con ver con igualdad (o desigualdad), sino que se trata de «funciones»! La instrucción dada a las esposas de que se sujeten a sus esposos es vista en muchos lugares de las Escrituras (Ef. 5:22; Col. 3:18; 1 P. 3:1). La palabra utilizada para “sujetar” o “someter” significa: «ordenar abajo» (Diccionario Vine). La sujeción (o sumisión) consiste en ponerse voluntariamente bajo la autoridad de alguien más, conforme a la responsabilidad final que usted tiene bajo la supremacía de Cristo. Pedro también instruye a las esposas a respetar a sus esposos (1 P. 3:1-6) y Pablo también menciona cuan necesario es el respeto en Efesios 5:33. En Tito 2:3-4 leemos que las ancianas deben enseñar a las mujeres jóvenes a amar a sus esposos. ¡Luego continua y describe el rol de una esposa y madre como el de un ingeniero doméstico! “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. La palabra aquí utilizada para “cuidadosas de su casa” es “hacendosa” o “amas de casa”. La frase “gobiernen su casa” en 1 Timoteo 5:14, significa literalmente “ocuparse en la gestión del hogar”. No significa que las mujeres no pueden trabajar, podemos leer Proverbios 31 y aprender de una mujer que estaba extremadamente ocupada trabajando, ¡pero que también administraba su casa de buena manera! Cuando edificamos nuestros matrimonios conforme al modelo encontrado en la Biblia, ¡bien podremos ver como nuestro matrimonio se erguirá sólido y se mantendrá firme ante las pruebas del tiempo y las tormentas de la vida! El componente del amor incondicional ¡Un matrimonio sólido es edificado sobre el amor incondicional! El amor incondicional es hasta que la muerte nos separe, no hasta que nos cansemos del uno y del otro o hasta que las cosas se ponen ásperas y luego nos tiramos por la borda. Un esposo y una esposa han de amarse mutuamente de manera incondicional y sin reservas, ya sea en enfermedad o en salud, ¡para bien o para mal! Al esposo se le instruye de forma específica a que ame a su esposa en Colosenses 3:19 y Efesios 5:25. De la misma forma, a la esposa también se le instruye a amar a su esposo (Tito 2:4). Este tipo de amor no sucede de un día para otro y no puede realizarse humanamente, ¡pero por medio de Cristo todas las cosas son posibles! Este es el amor de Dios mismo, ¡la Biblia lo llama “Amor «Agape»”! El Espíritu de Dios le dedicó todo un capítulo a este tipo de amor: 1 Corintios 13 define este amor que Dios ha derramado en el corazón del creyente. Este debe ser desplegado en la vida del cristiano, ¡especialmente en el matrimonio cristiano y en el hogar! Echemos un vistazo a 1 Corintios 13: • El amor es paciente (LBLA; sufrido en RVR1960): Piensa en cuan paciente necesita ser un esposo y una esposa para estar juntos, son dos vidas unidas, las cuales se ajustan constantemente.

• El amor es benigno (bondadoso; LBLA): se trata de ayudar al otro; está basado en el dar y no el solo querer recibir en el matrimonio.

• El amor no tiene envidia: esto significa que el esposo y la esposa no tienen resentimientos con respecto a cualquier área de la vida del otro, ya sea en tiempo pasado en el trabajo o con los amigos.

• El amor no es jactancioso: con respecto a lo que uno hace mejor que su cónyuge.

• El amor no se envanece: humillarse y admitir cuando nos equivocamos.

• El amor no hace nada indebido: en la forma que actuamos y hablamos a nuestro compañero(a).

• El amor no busca lo suyo: hay que buscar oportunidades para servir al otro.

• El amor no se irrita: no hay que levantar la voz, inclusive si tu cónyuge lo hizo primero.

• El amor no guarda rencor (no toma en cuenta el mal recibido LBLA): no hay que traer a la memoria los errores pasados.

• El amor no se goza de la injusticia: no presiones a tu esposo(a) a hacer lo malo.

• El amor se goza de la verdad: por medio de reconocer la realidad y cambiar cuando es necesario.

• El amor todo lo sufre (cubre LBLA): nunca critiques a tu pareja en frente de los demás.

• El amor todo lo cree: haciendo que el matrimonio sea una bahía segura.

• El amor todo lo espera: asegurando el hogar de toda adversidad.

• El amor nunca deja de ser (nunca falla JND): incluso en la juventud, la salud y la energía pueden fallar, pero el amor no. El matrimonio no es 50/50; ¡en el matrimonio debo dar el 100%, inclusive si mi pareja no lo hace! Esto es imposible con nuestras propias fuerzas. Pero este tipo de amor viene de parte del Señor, quien nos fortalece. Ese es el tipo de amor que Él desplegó hacia nosotros cuando nos amó y se dio a sí mismo por nosotros en la cruz, inclusive cuando aún éramos pecadores y no merecíamos su amor. ¡Este tipo de amor es incondicional y sin reservas y lo que logrará es fortalecer tu matrimonio! El componente de la sumisión mutua Usualmente cuando pensamos acerca de la sumisión en el matrimonio, pensamos en Efesios 5:22: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor”. Pero es importante que leamos el versículo en su debido contexto. En realidad, este es posterior a un versículo que se dirige a todos los creyentes: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” y se encuentran en una sección de versículos que comienzan con: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu” (Ef. 5:18). ¡Someterse unos a otros es una de las evidencias de una vida llena del Espíritu! No existe contradicción entre la sumisión mutua y una relación de liderazgo y respuesta. La sumisión mutua en el matrimonio no significa que ambos deben someterse exactamente de la misma forma. Cristo se sometió a la iglesia de una forma, por medio de un tipo de servidumbre-liderazgo que le costó su propia vida. Y la iglesia se somete a Cristo de otra forma, honrando su liderazgo y reconociendo su jefatura. Puede preguntarse: «¿Cómo puede, un esposo, cumplir su rol como líder espiritual y como “cabeza de la esposa” (Ef. 5:23 RVA-2015) y, al mismo tiempo, expresar sumisión? Para responder esa pregunta tenemos que mirar al Señor Jesús y ver como esto se puede realizar. En Juan 13, Él lavó los pies de sus discípulos y luego les dijo: “¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Jn. 13:12-14). Jesús estaba diciendo, esencialmente, que si todos los creyentes, incluyendo a los esposos y esposas, realmente se aman unos a otros como Él nos amó, entonces estaremos dispuestos a morir por el otro. Juan explicó esto más tarde: “En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos” (1 Jn. 3:16). De la misma forma que el Señor se sometió a la voluntad de Aquel que lo envió, y sirvió a sus discípulos (e inclusive lo hace con nosotros hoy en día), nosotros debemos someternos unos a otros. La sumisión y el amor van de la mano. Sabemos que Dios es amor y vemos aquel amor cuando contemplamos la humildad y la sumisión del Señor Jesús en su camino hacia la cruz (Fil. 2:5-8). En el matrimonio cristiano, el esposo y la esposa deben someterse a lo que la voluntad de Dios es para cada uno de ellos. Si ambos tienen la mente de Cristo en ellos, esto producirá una sumisión mutua, la cual los ayudará a cumplir los roles que el Señor quiere que vivan en su matrimonio.EndFragment

Continuará en una tercera parte

Blog hermano Tim Hadley Sr en Inglés: www.anchorsforlife.org

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