UN MARAVILLOSO RECORRIDO

Traducido de “El Mensajero Evangélico” 1999

Lucas 2:41-52; 3:21,22; 4:1-12


Nada es más admirable que el camino de nuestro Señor Jesucristo sobre la tierra. Al mismo tiempo, ¡el evangelio es tan fácil y simple de comprenderlo! Ha sido revelado a los pequeños y a aquellos que son como tales, a los simples, a los pastores que guardan del rebaño.

No se puede conocer a Dios más que por la revelación. Dios ha sido revelado plenamente en un hombre: Jesús, verdaderamente hombre y verdaderamente Dios. Jesús es una persona insondable para nosotros, pero Él tenía plena conciencia de lo que era. Le dice a la mujer samaritana: "Si conocieras el don de Dios…", Él era el don de Dios. Y más aún, Él se dio a si mismo; y aún hoy en día Él se ofrece a cada uno de aquellos que desean recibirlo. A aquellos que tienen sed, les dice "Venid a Mí, todos los que estáis fatigados y cansados, que yo os haré descansar" (Mt. 11:28).

Los años escondidos

No había apariencia en Él para que le deseáramos (Is. 53:2). Era tan grande su humildad que, durante los días de su juventud, nadie lo conocía. Aún Juan el Bautista, quien era su pariente cercano. ¿Cómo lo iba a reconocer aquel que tenía la misión de anunciarlo, aquel que le preparaba el camino, y el cual no era digno de desatar la correa de su calzado? Dios le había dado una señal: "Sobre quien veas descender el Espíritu, ése es…" (Jn. 1:33). Durante treinta años, Jesús vivió en Nazaret, desconocido por todos, pero si conocido del Padre quien recibió, durante esos años, el fruto admirable que daba este hombre perfecto.
 
Jesús llevó su fruto a su tiempo, el fruto que Dios esperaba recibir. Aún sobre la tierra nunca se había visto a un hombre con una obediencia perfecta. E igualmente, Jesús sabía quien era: a los doce años, pudo decir a sus padres: "No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar" (Lc. 2:49). Sometiéndose a pobres mortales, siempre tuvo plena conciencia de su gloria. Y se nos dice que su madre guardaba todas estas cosas en su corazón ¡Los asuntos de mi Padre! ¡Sorprendente manera de hablar para aquel que nunca había buscado sorprender a la gente! ¿Quién era ese niño que, a los doce años, allí estaba, delante de los doctores de la ley, escuchándolos e interrogándolos?

Hay un gran silencio en la Palabra, durante esos años (entre los doce a los treinta años), en los cuales Jesús llevó el fruto que sólo Dios solo podía apreciar y que deseaba, por así decirlo, guardar para Él en su totalidad. El nos reserva todo aquello para el día en que lo descubriremos, cuando conozcamos como hemos sido conocidos, y leeremos con admiración este evangelio completo. Por el momento, este fruto queda en secreto, solo Dios lo conoce; el escapa a las investigaciones y a la popularidad de los hombres, cuanto mas escondido algo está, mayor precio tiene para Dios.

Uno se maravilla de la desproporción entre el tiempo de su servicio y el tiempo de su vida en la tierra, la décima parte más o menos. El Señor llevó su fruto allí donde el Padre lo puso, en aquella ciudad menospreciada: Nazaret. Se dice de el: "¿Aquel no es el hijo del carpintero?" o, « ¿aquel no es el carpintero?» Allí donde nadie podía distinguirlo de otro, era reconocido del Padre que recibía, de Él, el fruto que había esperado vanamente de los hombres durante siglos. El retiro en la cual el Hijo llevaba este fruto estaba escondido y este fruto así tenía más valor. Cuando Dios nos esconde, ¿sabemos apreciar este favor?

La plena aprobación del Padre

Durante treinta años, Jesús vivió así escondido de todos, sabiendo que estaba, cumpliendo cada día el trabajo de ese día, ofreciendo a su Padre, el fruto de ese día . Entonces, en el bautismo de Juan, el cielo se abre y la voz del Padre se hace oír: «Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia » (Lucas 3:22). El ha encontrado en Él su placer. Esto no se relaciona solamente con el momento cuando Jesús comienza su servicio. Por toda la eternidad, el Hijo hizo las delicias del Padre. Ahora, un hombre estaba en la tierra, El Muy-Amado, un hombre que no había faltado jamás, jamás ha tropezado. El está designado por Dios, como anteriormente David ha sido reconocido por Él cuando estaba con sus ovejas en el desierto (1ª Samuel 16:11) Samuel vacilaba. Todos los hijos de Isaí desfilaban delante de él y no estaba aquel que Dios había escogido. Es la imagen del desfile de las generaciones antes que el Muy-Amado apareciera. Se comprende la perplejidad del profeta; ¿Son todos estos tus hijos? Felizmente, había otro. Entonces, ¡es necesario ir a buscarlo! Y ha sido distinguido, después es ungido sin vacilación, ungido con gozo, reconocido con alegría. El Muy-Amado estaba allí, por fin allí.

En el Jordán, el Padre muestra su aprobación de dos maneras. Primero por la unción del Espíritu Santo. El Señor Jesús ha sido así ungido del Espíritu Santo y de poder en virtud de sus propias perfecciones. El Espíritu Santo ha descendido sobre Él, porque ha sido demostrado sin falta y sin defecto. Es así que Él es el verdadero templo de Dios. En Cristo toda la plenitud de la deidad se ha placido en habitarlo corporalmente. El Espíritu Santo ha descendido sobre Él, colocando su sello sobre el hombre perfecto, el primero que ha hecho plenamente la voluntad de Dios. Y ahora, el Padre le da  honor por medio de esta palabra: «Tu eres mi Hijo Amado, en el cual tengo complacencia».

 Esta palabra de aprobación del Padre es repetida sobre la montaña de la transfiguración (Lucas 9:28-36). Allí también los hombres se arriesgan a darle a Jesús un lugar que no merecía. Pedro dice: «Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; ». (v.33) el le da el primer lugar, pero eso no era suficiente. Se necesita  darle a Jesús todo el lugar. Es por eso que Moisés y Elías deben desaparecer. Y los discípulos se encuentran en la nube solamente con Jesús. El Padre tiene algo que agregar. No por el Muy-Amado, notémoslo, sino para ellos y para nosotros. El agrega « A Él oíd».

 

Pocos versículos nos hablan de los treinta años vividos por Jesús en la aldea menospreciada de Nazareth, del cual se consideraba que nada bueno salía de allí (Juan 1:47). Ellos han mostrado «este pensamiento que hubo también en Cristo Jesús», dado en ejemplo en Filipenses 2. ¡Suprema sumisión de Jesús en este período escondido de su vida! Sabiendo lo que era, Jesús ha permanecido en humildad, cumpliendo cada día un trabajo sin luces y sin relieve con respecto a los hombres, pero haciendo las delicias del Padre.
 

Perfecta dependencia de Jesús

 Hoy en día, se habla conscientemente en términos de actividad y de rendimiento, mientras que Jesús nos pide simplemente llevar nuestro fruto allí donde el ha juzgado bueno colocarnos. En efecto, este fruto no depende de nuestras circunstancias, ni de nuestra edad. Jesús no ha terminado de llevar su fruto en su tiempo. La Palabra nos da solo un panorama sobre su infancia y su juventud, en Lucas 2, confirmando que hacer la voluntad de su Padre era ya sus delicias. Había cumplido primeramente lo que le dirá a Satanás cuando le tienta: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»(Mateo 4:4).

 Allí, en el desierto, Satanás deseaba hacerle salir  de esta posición de dependencia, conducirle a servirse de su posición divina. «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.  » (Lucas 4:3). Pero Jesús queda en una perfecta dependencia. No desea hacer ningún movimiento mientras no tenga una orden de Dios. En lo que concierne a nosotros, obedecemos a menudo a la necesidad de «hace falta bien».  Jamás Jesús lo hizo así. Actuaba cuando el Padre había hablado. Veámosle en la escena de la resurrección de Lázaro. Las hermanas de Betania le advierten a Jesús «he aquí el que amas está enfermo». « Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro » (Juan 11:3, 5). En tal situación, habríamos dicho: ¿Qué van a pensar esas hermanas si no voy? Ellas no van a creer en mi amor. Pero Jesús vivía la Palabra de Dios y Dios no le había hablado. ¡Que prueba para él, que amaba a cada miembro de esta familia!

¿Qué pensarían, en el mundo, de un hombre que no volara en ayuda de su amigo gravemente enfermo, cuando él posee el remedio para sanarlo? Se ve como quedan choqueados los judíos; y todos están decepcionados. Igualmente Marta, luego Maria, le dicen—«Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. »(v.21, 32,37).

Los pensamientos, los caminos de Dios, son tan elevados por sobre los nuestros como el cielo lo es por encima de la tierra (Isaías 55: 8,9). Nuestros porqué, se levantan, pero sabemos bien, queridos amigos, que los pensamientos de Dios van a confundirnos. Su respuesta es: Yo conozco mis pensamientos de gracia a vuestro respecto (Jeremías 29:11). Al final de la historia, aprendemos cuales eran los pensamientos de Dios cuando ha permitido la muerte de Lázaro. Cuando las bocas han sido cerradas, y la gloria de Jesús— El Hijo de Dios—, a brillado de manera extraordinaria, porque ha sido obediente como un hombre perfectamente dependiente de su Dios.

 

En la tentación, Jesús podría haber confundido al enemigo diciéndole: Tú eres Satanás y yo soy Dios. Entonces habríamos pensado: ha vencido porque era Dios; en cuanto a nosotros, pobres humanos, solo podemos ser vencidos. No, ha triunfado con un arma que también nosotros disponemos: la Palabra de Dios. Y no olvidemos sobre todo que Satanás ha sido ya vencido en la cruz. Hoy día, el no puede hacer nada en contra de nosotros por la fuerza, pero a menudo nos hace caer por su astucia. ¿Cómo nos ataca primero y siempre? Nos incita a hacer nuestra propia voluntad, camuflándolo bajo pretendidas obligaciones. Sin embargo solo Dios debe contar para nosotros. El cristiano debe ser librado de si mismo, de todos los demás, de las circunstancias. El apóstol Pablo era libre, lo que le permitía ser esclavo de Cristo Jesús. Porque, ser esclavo de Jesucristo significa estar libre de todo lo que no es de Jesucristo, libre de si mismo. De los hombres, del mundo, de las circunstancias. No debemos estar sujetos a la presión de las circunstancias, sino a la sola palabra de Dios.

Fe y obediencia indisolublemente unidas

La fe esta estrechamente ligada a la obediencia. Una palabra de Jesús debería bastar para nosotros para caminar. Cuando Pedro pregunta: «si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.», Jesús responde: «Ven ». Esto le bastaba, y el va (Mateo 14:28). Si Jesús nos dice: « Ven », y nosotros no vamos, no solamente somos desobedientes, sino que mostramos que somos aun esclavos de los hombres, de nosotros mismos, y de las circunstancias, de nuestros razonamientos. Puede ser que digamos: “¿Que van a decir, que va a pensar la gente?” ¿Pero buscamos la aprobación de los hombres o la de Jesús? ¿No tiene, Él, todos los derechos sobre nosotros?

Jesús, nuestro modelo, siempre ha mostrado que solo a Dios se le debe obedecer, que solo a Dios se le debe rendir honor. Aquel que, por la fe, ha escogido verdaderamente esto, es libre. «Nuestra salvaguarda es en el nuevo hombre, viviendo de toda la palabra que sale de la boca de Jesús» (J.N.D) Jesús desea manifestar alguna cosa de su vida en nosotros. A continuación, nos compromete a una vida de dependencia. ¡He aquí nuestra seguridad!

 Fe y confianza no pueden estar separadas de la dependencia y la obediencia. Es una presunción y una locura creer que se puede confiar en Dios en un camino de desobediencia. En más de una ocasión, sin embargo es lo que hace Israel. —Llevemos el arca con nosotros, Dios estará obligado de seguirnos… (Ver 1ª Samuel 4,3-11). Audaces y temerarios, los hijos de Israel confunden esta actitud con la de la fe. Hacen ruido, el suelo tiembla, y hasta en un momento, los enemigos tienen miedo. Pero Israel es vencido y el arca dejada en las manos de los enemigos. La verdadera fe es inseparable de la verdadera obediencia.

No es porque Dios es invisible que no esté presente. No es porque tenga paciencia que debemos menospreciarlo y faltar a este temor que es el principio de la sabiduría. No podemos conocer nada si no le damos a Dios su lugar y si no guardamos la nuestra. «Habla Señor, que tu siervo oye» decía Samuel.

Ser alimentados de la palabra de Dios, dejarse conducir por su luz, he aquí la orientación, la disposición constante del corazón de Jesús. ¿Como son orientados nuestros corazones?

El creyente que posee la vida de Jesús, se alimenta de toda la palabra de Dios, obedece a Dios y se confía en Él. En efecto, no se puede obedecer si no se le tiene confianza. Adán y Eva han sido desobedientes porque Satanás ha destruido su confianza en Dios. El ha insinuado en ellos el pensamiento de que Dios les privaba de alguna cosa, que le faltaba algo para su felicidad.

Jesús vivía toda la palabra de Dios

Era el amor que hacía actuar al Señor Jesús. No solamente el actuaba según la voluntad de Dios, sino que vivía de toda palabra que salía de la boca de Dios Es así que debe ser nuestra vida. Ella se mantiene, ella se renueva por la comunión con el Señor Jesús. Así, podemos llevar este fruto precioso al corazón de Dios. Cuanto mas escondido esté, mas precioso será. ¡Que aliento para los humildes! La palabra de Dios es para los humildes, para aquellos que tienen un corazón contrito. A aquellos que están abatidos, Dios se revela.

 ¡Que grande es el misterio de la piedad! Dios ha sido manifestado en carne, en el mas profundo abatimiento. El es Emmanuel, Dios con nosotros. Es anunciado por los angeles, ¿a quienes? Ni a los poderosos, ni a los sabios, ni a los inteligentes de este mundo, sino a humildes pastores que cumplían su trabajo ordinario. Es a ellos que el Padre ha revelado la gran nueva. Son ellos que han podido allí ver la señal, un pequeño niño envuelto y acostado en un pesebre, expresión más perfecta de debilidad y humildad.

El renunciamiento de Jesús

¿Si deseamos estar muy cerca de Jesús., donde estaremos sino estamos en el penúltimo lugar? Es necesario venir allí, a este lugar cercano. Para tener comunión con Él. Él ha venido, no para hacer su voluntad, sino para hacer la voluntad de aquel que le había enviado (Juan 6:38). Este era un perfecto renunciamiento. El es el primero en dar el ejemplo. Después nos invita a nosotros a renunciar a nosotros mismos, lo que es la condición para servirle.

 

La vida de Jesús es una vida continua de sumisión, de dependencia, de obediencia. No podía haber sufrimiento mas grande para él que ver su amor rechazado, sin embargo se somete: « Sí, Padre, porque así te agradó». (Mateo 11:26). El aprueba y enseguida puede agregar: «aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; » ¿Quien enseña como él?

En la escena de la tentación, admiramos su entera obediencia, su renunciamiento perfecto. Jesús tiene la victoria porque el enemigo no encuentra en la ninguna voluntad independiente de la del Padre. Si Satanás encuentra en nosotros tan solo un poco de voluntad propia, se hace fuerte y nos hace caer. Lo que ha hecho a Jesús invulnerable, es el renunciamiento a su voluntad. El no se sirve nunca de su poder divino. Primero está la obediencia, el renunciamiento a su voluntad, que han sido puestos a prueba. El enemigo no tuvo ninguna conquista con Jesús. Porque era perfecto en si mismo. No tenía una naturalaza rebelde como tenemos nosotros, no tenía voluntad independiente. Toda su voluntad era hacer la del Padre.

 

El Señor no estaba sin voluntad en el sentido de: sin energía, sin firmeza. ¡No nos engañemos! ¡Que firmeza, que energía en su vida, el que ha colocado su mirada resueltamente «como un pedernal» hacia Jerusalén! (Isaías 50:7; Lucas 9:51).

No era un débil. Era fuerte porque obedecía, porque decidió hacer la voluntad de Dios. ¡Nada más firme que la obediencia en la humildad! ¡Que poder en el andar del Señor Jesús y que paz! Nada pudo detenerle.

 

¿Porque Jesús ha sido victorioso?

Luego que el primer Adán sucumbió delante del diablo, Jesús ha vencido porque tenía su confianza en Dios. Es la perfecta confianza de aquel que ha sido el Autor y Consumador de la fe, ilustrando perfectamente el versículo: «El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre » (Salmo 22:9) ¡Que belleza moral aparecía en Aquel que renunciaba utilizar su propio poder para protegerse y guardarse! Sobre este pequeño niño venido en un mundo donde todos los peligros le esperaban desde su nacimiento, es el Padre que le cuida. Cuando Herodes desea matarlo, el no es protegido por un poder milagroso. El ángel advierte a José: huye a Egipto.
 
Después de la tentación, al comienzo de su ministerio, vemos brillar esta confianza en su repuesta a Satanás: «No tentarás al Señor tu Dios ». Es decir, tú no harás nada para ver si Dios es fiel o no. Esta tentación señala la humildad de Jesús y su fidelidad a su Dios. Y Él nos da un ejemplo maravilloso a nosotros, que el diablo rehúsa ha menudo hacernos tropezar.


 Jesús estaba «lleno del Espíritu Santo», y se servía únicamente de la palabra de Dios para responder a Satanás. Nuestros caminos a menudo son muy complicados. Pero todo llega a ser muy simple cuando se obedece, cuando se puede decir: "Escrito está" todo se hace luminoso. «Resistid al diablo, y huirá de vosotros » (Santiago 4:7). Satanás es ahora un enemigo vencido. Lo recordamos el domingo, cuando celebramos la victoria del Señor en la cruz. Queridos amigos, no temamos por el poder de Satanás, este ha sido quebrado, vencido en la cruz. Pero temamos su astucia, porque ¡desgraciadamente! tiene un aliado en nosotros, Es la carne. Cuando en un país se descubren a los traidores, se les encierra, se les impide perjudicar; porque si se les deja libres, ellos le dan la mano al enemigo. Si damos toda la libertad a la carne, seremos vencidos. He aquí el porque es necesario ser vigilantes.

Durante todo el ministerio público de Señor Jesús, Satanás a colocado trampas delante de el por medio de personas introducidas. Se oye a Jesús clamar: "¿Por qué me tentáis, hipócritas?" (Mateo 22:18). Veamos todas esas escenas donde sus enemigos han tratado de sorprenderle en sus palabras: los saduceos, los escribas, los fariseos, los herodianos. Pero Él era aquel "que prende a los sabios en la astucia de ellos" (1ª Corintios 3:19). Los evangelios nos narran sus respuestas admirables. Y finalmente "Y nadie… osó alguno desde aquel día preguntarle más" (Mateo 22:46)

Satanás no solamente tentó a Jesús por sus enemigos, el se sirvió de un amigo de Jesús, de un discípulo, de Pedro que le amaba. Cuando el Señor anunció que iba a ir a Jerusalén, Pedro le dice: "Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca" (Mateo16:22). Pedro sabía que Jesús se confiaba en Dios, y que un hombre piadoso que se confía en Dios no es jamás abandonado. Esto debió ser un choque para el cuando el Señor le responde: "Apártate de mi, Satanás". Para juzgar si una palabra es dicha con amor o no, es necesario ser prudente. Algunas veces uno se sorprende cuando un hermano nos reprende, y es tentado a creer que le ha faltado amor, mientras que este sigue posiblemente el ejemplo dado por el Señor.

Jesús vencedor por su muerte

Después de la tentación, el diablo se retira de el por un tiempo, el va a volver, en Getsemaní y en la cruz, con todo su poder. Allí ya no es la astucia que el utiliza. Pero los poderes de maldad son producidos en público y Jesús triunfa de ellos en la cruz, Aquél que ha sido crucificado en debilidad (Colosenses 2:15; 2ª Corintios 13:4). Por su muerte, por su sacrificio, Jesús ha sido vencedor de todo poder del adversario (Génesis 3:15).

Jesús no pudo ser un modelo para nosotros en los sufrimientos que soportó de parte de Dios; porque estaba solo. Pero nos es presentado como modelo en aquellos padecimientos que ha sufrido de parte de los hombres (1 Pedro 3:21).

Hay a veces situaciones confusas en la que no vemos  salida. Somos llamados, a renunciar a nosotros mismos, para salir de ellas, y a considerarnos moralmente como muertos. A menudo, en los asuntos de las asambleas, es así. Y luego el Señor puede intervenir y quitar la dificultad. El camino de la victoria es el renunciamiento a todos nuestros derechos, a todas nuestras pretenciones, la verdadera victoria según el Señor Jesús