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MEDITACION Y SEPARACION Nabucodonosor después de haberse apoderado de Jerusalén, transportó a Babilonia una parte de los utensilios de la casa de Dios y pidió a Aspenaz , jefe de los eunucos, « que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey» ( Daniel 1:3,4). Era el cumplimiento de lo que Isaías el profeta había anunciado al rey Ezequías, alrededor de un siglo atrás. (Isaías 39:7). ¿Cuál sería el destino de estos jóvenes, entre los cuales se encontraban, Daniel, Ananías, Misael y Azarías? En primer lugar, las cartas y el idioma de los Caldeos debía ser enseñada. Y es así como aun hoy día actúa el mundo con respecto a nosotros: a fin de que nos asociemos mejor a el, desea que aprendamos su propio lenguaje, nos conduce a expresarnos como el. Enseguida, Nabucodonosor les asigna, para cada día, una porción fija de alimentos delicados de su mesa y del vino que el bebía. ¡Cuántas cosas nos son presentadas para la alimentación de nuestro espíritu¡ El enemigo es astuto… Generalmente este alimento no es malo, el cual lo repulsaríamos sin vacilación. La mayoría de las veces tiene una bella apariencia como « la provisión de la comida del rey». ¿Qué mal habría alimentarse de aquello? ¿Que mal había en comer las comidas delicadas del rey de Babilonia? Mas aun, les daba « del vino que él bebía » ¡Pensemos en todos los deleites, en todas las distracciones que nos ofrece aquí en esta tierra el enemigo de nuestras almas! ¿Podría el rescatado encontrar verdaderamente su felicidad en ellas? Luego, nuevos nombres les son dados, sin duda para señalar la autoridad a la cual desde ahora estaban sometidos. Todo esto tendía a borrar en el corazón de estos jóvenes el recuerdo del único verdadero Dios, y hacer desaparecer así toda diferencia entre los que eran parte de Su pueblo y el mundo en el medio del cual iban a vivir: mismo idioma, mismo alimento, mismos deleites, mismos nombres. ¿No es en verdad lo que el enemigo busca hacer hoy día como entonces ya lo hizo? Sus deseos aun no han cambiado. En medio de tales dificultades, ¿que hará Daniel? Hay una enseñanza muy importante para nosotros, puesto que la actividad de nuestro poderoso adversario es la misma, aunque las circunstancias nos sean idénticas. « Y Daniel propuso en su corazón » El tomó una firme decisión que surgió del amor para su Dios. Primeramente realiza en su interior la separación del mundo que le rodea. Contando con Dios, puede declarar como el salmista «Mi porción es Jehová; He dicho que guardaré tus palabras» « Juré y ratifiqué Que guardaré tus justos juicios.» (Salmo 119: 57 y 106). Comer de los platos delicados del rey, era tomar del alimento consagrado a los dioses falsos. Por otra parte, Daniel conocía la ley de Jehová; tenía la costumbre de leer la Palabra y también de orar (comp. Daniel 6:10 y 1ª Reyes 8:48). El sabía entonces que la ley establecía una distinción entre animales puros y animales impuros. (Levítico 11). Sin duda, habría podido razonar, muchos son aquellos que “razonan” siempre… Pero los razonamientos jamás lo hubieran conducido a la desobediencia, no lo olvidemos; hubiera podido decir: en una tierra extranjera, no están las condiciones para que podamos cumplir al ley; por otra parte, es necesario someterse a la autoridad establecida… No, Daniel, y sus tres compañeros desean ser fieles, a cualquier precio. El conocimiento de la Palabra les conduce a la obediencia y a la separación del mal. Mientras que Dios actuaba en gobierno con respecto de su pueblo cautivo en Babilonia, Su gracia brilla sin embargo hacia este pequeño residuo fiel. ¡Cuan notable y alentador para aquellos que desean tomar la misma posición hoy día, porque es tiempo que el juicio comience por la casa de Dios! Dios les hace que encuentren gracia delante del príncipe de los eunucos. Sin embargo, esto no tiene por consecuencia el poner término en el ejercicio de la fe: las palabras que le dirige a este servidor del rey son, por el contrario, de una naturaleza que le hará reflexionar sobre las consecuencias posibles de su decisión. El enemigo prueba siempre sorprendernos y hacernos retroceder del camino de la fidelidad. Pero la fe no se detiene ante las dificultades ni ante las imposibilidades, ella cuenta con Dios y sabe que El es Todopoderoso. También Daniel, hombre de fe, permanece firme e inquebrantable. El pide, para los cuatro, « legumbres a comer, y agua a beber». Es el alimento que el mundo no desea y menosprecia. Proponedle a alguien alimentarse con legumbres y agua solamente…Estará poco dispuesto a aceptar lo que tu le presentas, no estará de acuerdo a leer la Palabra y los escritos que ocupen al alma de la Palabra y de Cristo. Legumbres y agua, era también el alimento de un prisionero, alimento que hablaba de humillación — era la única comida que podía convenir a los jóvenes hebreos en la posición donde ellos se encontraban en Babilonia, si deseaban tomar su verdadero lugar delante de Dios. Si Dios, había intervenido en gracia, ahora El iba a actuar en poder. « Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey » (v.15). Verdaderamente era un milagro, porque Dios actúa en favor de aquellos que desean serle fieles— y ¿Quién podría limitar Su poder? Así, en estos cuatro jóvenes se había realizado una separación completa con el mal que reinaba alrededor de ellos. Porque para que la separación sea manifestada exteriormente, es necesario que sea primero interiormente, de otra manera, no es mas que hipocresía y fariseísmo (Mateo 23:25-28), y es lo que Daniel había comenzado; se había decidido en su corazón. Lot, cuando estaba con Abraham, estaba separado exteriormente, pero no interiormente, la continuación de su historia lo muestra muy bien. Para que la separación sea realizada interiormente, es necesario que la Palabra sea leída y meditada bajo la mirada de Dios, que la dejemos actuar en nuestros corazones y conciencias… es a esta separación interior que somos exhortados: « santificad a Dios el Señor en vuestros corazones» (1ª Pedro 3:15). La última parte de este primer capítulo de Daniel coloca en relieve las consecuencias de la fidelidad y la separación: la sabiduría y la inteligencia espiritual son la recompensa dada por Dios. Más cercano es el contacto con el mundo, mas se oscurece nuestra inteligencia espiritual: no se ve, no se comprende lo que otros ven y comprenden en las Escrituras. ¿Por qué? Porque ha faltado la separación y ha faltado porque no ha habido lectura y meditación de la Palabra. Cuando los hombres de Jabes deseaban asociarse a él, Nahas el amonita, le pone esta condición: « que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho…» (1ª Samuel 11:2).La alianza del Amonita (descendiente del justo Lot, Génesis 19:38), con aquellos que el apóstol llama « vasos de deshonra»—la asociación con el mundo debilita siempre nuestro discernimiento espiritual, ¡El ojo derecho nos falta! El apartarse del mundo primeramente debe ser realizado (Salmo 25:14 y 12), para que Dios nos revele su pensamiento, incluso para discernir el camino en el cual debemos andar (comp. Salmo 25:14 y 12 con Proverbios 8:13 y 9:10). Este camino, es aquel en el cual son manifestados los caracteres que nos habla 2ª Pedro 1:3-8), y el apóstol agrega: «el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego…» Su ojo es simple, no ve la vida de la fe (la vida de la fe nos separa siempre del mundo), porque es la fe la que ve mas allá, penetrando en el dominio de las cosas invisibles. El punto de partida para la bendición, es la obediencia a la Palabra, Para obedecer a la Palabra, es necesario conocerla y para conocerla, es necesario leerla y meditarla. Seremos conducidos así a realizar la posición de separación que es la nuestra y gozar de los privilegios que de ella emanan. El primer Salmo nos da igualmente una enseñanza. Para realizar este primer versículo, es necesario primeramente realizar el segundo, porque el estar ocupado del bien ha sido siempre el medio para evitar el mal. Cuando el corazón está ocupado de la Palabra, no hay ningún deseo de volverse a las cosas del mundo. Notemos que no se trata de leer las Escrituras para satisfacer una obligación. El fiel encuentra allí su placer, está gozoso de alimentarse de ella, de meditarla continuamente. « ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. » (Salmo 119:97). «Bienaventurado el varón… que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.» (Salmo 1:2). Meditar de día y de noche… ¡Que vigilancia constante implica esto! El versículo 3 nos muestra los resultados prácticos. La meditación de la Palabra conduce a la separación y la consecuencia es la prosperidad espiritual, « Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas » Sus raíces pueden tener la fuente del frescor y del vigor, habrá crecimiento y desarrollo, por lo tanto, fruto para Dios. Si hay fruto, la comunión con el Señor ha sido realizada (Juan 15: 1 al 5) y esta no puede se mas que en la separación con el mundo, en la meditación de la Palabra (Salmo 40:8), en la manifestación de los caracteres de Cristo, Hombre perfecto sobre la tierra, este fruto es dado «en su tiempo »: hay un « tiempo » para cada fruto — ya buenas obras que Dios prepara de antemano, a fin de que andemos en ellas ( Efesios 2:10). El las prepara y las coloca sobre nuestra ruta día tras día; aquellas que El había dispuesto para el día de ayer sin duda no son las que ha preparado para hoy. ¿Sabemos discernirlas cada día para cumplirlas, dando así, cada uno «su fruto en su tiempo »? Mas aun, la hoja de este árbol no se seca, no tiene ninguna muestra de debilidad. Muy por el contrario, «todo lo que hace, prospera » « Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.» No se trata de que alguno lea un capítulo como para cumplir un austero deber. ¡Que necesidad de alimento para el alma, que gozo en la meditación de su Libro santo! Y es lo que va a determinar el caminar del fiel: « No me senté en compañía de burladores » ¡El primer Salmo nos dice que es bienaventurado! Alejado del pueblo rebelde, está separado del mal. En esta posición, realiza una íntima comunión con el Señor: se sienta solo, tomando el lugar del pueblo bajo la indignación de Dios. ¿No es el lugar que Cristo ha tomado? ¿No lo dice Él, por el Espíritu profético, en el salmo de la sustitución: «…soy como el pájaro solitario sobre el tejado. »? (Salmo 102:7). Hay muchas otras porciones de las Escrituras para considerar en las cuales encontraríamos aun la misma enseñanza. Citemos solamente Nehemias 13: 1-3. La Palabra fue leída a todo el pueblo, los mandamientos de Jehová son recordados. Alguno dirá, estos datan de miles de años. Pero que importa, la Palabra no cambia. Lo que Dios nos dice en su Libro permanece, hoy día como entonces, con la misma autoridad. . Luego de que ellos oyeron la ley, «separaron de Israel a todos los mezclados con extranjeros ». Lectura de la Palabra — obediencia a la Palabra— separación del mal ¿Por qué entonces hay entre nosotros tan poca separación del mundo y de sus principios? Puede que haya una cierta separación exterior, ¿pero fluye siempre de una verdadera separación interior por el Señor? Cuidémonos de no desmerecer las palabras que Jesús dirigía a los fariseos… Ciertamente, muy a menudo, la separación exterior falta y es un motivo de tristeza. . Es a veces la ocasión de una reprehensión tan torpe como bien intencionada. ¿Porqué buscar el imponer, si ella no responde a lo que está en el corazón? Es la Palabra que conviene presentar porque, leída y meditada, actúa interiormente, llegando y ejercitando la conciencia. . Ella conducirá los corazones a Cristo, les alimentará de su Persona y la separación exterior llevará su fruto. ¿Por qué no siempre somos de esos bienaventurados del cual habla el Salmista? No puedo tener una verdadera felicidad por tener el corazón dividido, para el creyente cuyo oído no es simple y que camina con un pie en el camino de Dios y el otro en el camino del mundo. ¡Esta es la verdadera causa— generalmente no discernida — de muchos sufrimientos entre los rescatados! ¿Por qué hay poco desarrollo espiritual? En lugar del frescor y del vigor que todos desearían ver, está la sequedad. ¿Por qué tan poco fruto en cada tiempo, hojas que se marchitan, es decir que apenas están las manifestaciones exteriores de la vida de Dios que está en nosotros? ¿Por qué tan poca inteligencia y discernimiento de las cosas de Dios? Una misma respuesta a todas estas preguntas: no sabemos meditar la Palabra y perdemos de vista todas las consecuencias que resultan de nuestra negligencia tocante a esto. « Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; » (Salmo 45:10). Escuchar, ver, inclinar su oído, es buscar la voluntad de Dios expresada en su Palabra, es leer y meditar, después obedecer— olvidar a su pueblo y la casa de su padre, he aquí al separación que será la consecuencia, Pero el salmista agrega aun: «Y deseará el rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor. »(v.11). El Señor desea la belleza de su esposa. Efesios 5 y Apocalipsis 19 nos muestran a la Iglesia revestida de una doble belleza. El tema en el primero de estos dos pasajes es el resultado de lo que Cristo ha hecho por ella. La hizo moralmente limpia para estar unida a El; el esplendor de Su belleza es el reflejo de Su gloria. En el capítulo 19 de Apocalipsis, el tema es otra cosa: Cristo nos adorna de todo el fruto que El habrá operado en nosotros y para nosotros — fruto de Su gracia. Esto ¡El lo opera ahora! Entonces, nuestro corazón podrá derramarse delante de El. La alabanza subirá… ¡Adórenle! ¡Dios permita concedernos el retener las enseñanzas que colocan ante nosotros estas diversas porciones de las Escrituras. Por medio de la lectura y la meditación de la Palabra fluirá obediencia, separación del mundo, vigor espiritual, sabiduría y discernimiento, frutos para Dios, prosperidad y adoración! Paul Fusier |
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