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«¿Qué vieron en tu casa? »
El hogar del rescatado es precioso a los ojos de Dios. La Escritura nos da también importantes instrucciones sobre este tema. Deseamos atraer la atención del lector sobre algunas de ellas para incitarlo a un estudio aun mas profundo, en el deseo de agradar al Señor en todo. 1) Los hogares de Israel en Egipto— La casa de Isaac a - Casas donde brilla la luz Veamos primero lo que pasaba en el país de Gosén en las viviendas de los hijos de Israel. Dios iba a hacer pesar su juicio sobre Egipto y sacar a su pueblo de la esclavitud. En medio de las tinieblas que ninguna claridad podía disipar, tan espesas que se podía tocar con los dedos, la luz brillaba en las casas de los israelitas. Dios separaba así a los suyos del mundo que los rodeaba. b - Instrucción de los hijos A menudo en la Palabra el primogénito es el tipo del hombre natural, con Caín como dirigente. Tanto Israel como los de Egipto habían sido expuestos al juicio y debían ser colocados al amparo de la justa ira de Dios por medio de la sangre del cordero, figura conmovedora de la sangre de Cristo. Esta sangre debía ser colocada en los postes y en el dintel de la puerta, por fuera de la casa, ante el paso del ángel destructor. Dios, que sólo podía apreciar todo el valor, había prometido: « veré la sangre y pasaré de vosotros, » (Éxodo 12:13). Posiblemente el hijo mayor preguntaba a quiénes le rodeaban: “¿Puedo realmente confiar en esta promesa?”. ¿Habríamos estado dispuestos a responder Tienen nuestros hijos la libertad de plantearnos estas preguntas , al vernos vivir y actuar? ? (Éxodo :25-27 ; 13:8, 14). ¿Existe esta relación de confianza en nuestros hogares? Pero sobre todo nuestra conducta es la que puede tener sobre ellos un efecto decisivo. Debe ser real que la Palabra está atada como una señal sobre nuestra mano, para actuar de manera digna del Señor. Debe ser también como un frontal entre nuestros ojos, para ayudarnos a escoger una senda de justicia práctica (Deuteronomio 6:8, 9). d - Nada de parcialidad Los padres cristianos, por desgracia, pueden alimentar pensamientos divergentes en cuanto a la educación de sus hijos, mostrar preferencias, incluso parcialidad. Fue el caso del hogar de Isaac y de Rebeca, fundado no obstante sobre el temor de Dios. No teniendo hijos, Isaac oró insistentemente y esperó la bondad de Dios. El nacimiento de Esaú y Jacob fue la respuesta divina. Pero a Isaac le faltaba firmeza moral, amaba a Esaú por la caza que le traía. Rebeca, mantenía su carácter familiar y mostraba la misma astucia que Labán, su hermano. Ella se reconocía en Jacob, su hijo favorito. El desorden y la miseria van a invadir esta casa. Solo la comunión con Dios puede guardarnos de hacer acepción de personas, incluso con nuestros hijos. (Proverbios 28:21). 2) La casa de Eli: no dejar entrar lo que perjudica a la piedad. En la casa de Eli, se desarrolla una verdadera tragedia. Este sumo sacerdote estaba ligado al arca, figura de Cristo, esto es indiscutible (1ª Samuel 4:18). Pero podemos preguntarnos cuál era la atmósfera que reinaba en la casa de este siervo de Dios. Ocupado por los intereses del pueblo, ¿no descuidó al no dar los cuidados necesarios para los suyos? Sus hijos se corrompieron porque no los detuvo (1ª Samuel 2:29; 3:13). Se hicieron hijos de Belial. 3) Casas donde está fe, las oraciones y la Palabra de Dios. En contraste con los ejemplos precedentes, observamos que Job aparece como un padre atento. En su gran piedad, se preocupa en santificar a los suyos, ofreciendo para ellos holocaustos en el caso que hubieran pecado contra Dios en el curso de sus fiestas familiares (Job 1:5). ¡Cuán necesaria es la intercesión continua de los padres¡ Citemos también a Josué. Cuando revela el mal que invade el pueblo de Dios, declara: «pero yo y mi casa serviremos a Jehová » (Josué 24:15). Esta decisión supone que se apoyará constantemente en la gracia de Dios. Acordémonos también que Timoteo tuvo el privilegio de estar rodeado de mujeres de fe. Vivía una fe sincera en casa de su abuela Loida y en casa de su madre Eunice. Los padres no pueden salvar a sus hijos, pero la fe personal de Timoteo se pudo fortalecer por el contacto con su madre y abuela (2ª Timoteo 1:5). No menospreciemos nuestra herencia espiritual, como lo hizo Esaú, este hombre que la Escritura lo denomina un profano (Hebreos 12:16). 4) Gustar juntos de las fuentes divinas Sucede también que los esposos estén divididos en cuanto a la fe. Estos problemas dolorosos están vinculados o por la desobediencia a la voluntad del Señor que está sin embargo claramente expresada por Dios (2 ª Corintios 6:14) o por la conversión de uno de los esposos después de su matrimonio. 5) Dar testimonio y gloria al Dador (Dios) «¿Qué vieron en tu casa? » Esta pregunta hecha a Ezequías por Isaías es de aquellas que son dirigidas a nuestra conciencia. El profeta primero había inquirido: « ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? » (2ª Reyes 20:14) Ellos venían de Babilonia, ciudad idólatra y corrompida que no tardaría en imponer su supremacía en este mundo, a expensas de Asiría. Es en este contexto que Isaías le pregunta al rey¿Qué vieron en tu casa? » Y Ezequías le responde: « Todo lo que hay en mi casa han visto.» (Isaías 39:4; 2ª Reyes 20:15). Respuesta que va a poner en evidencia una grave debilidad en el testimonio al cual este rey había sido llamado. Acababa de estar gravemente enfermo pero Dios había oído sus súplicas, prolongando su vida en quince años. Y, para confirmar su promesa, le había concedido una señal extraordinaria, del que cada uno había sido testigo. La sombra había regresado atrás diez grados en el reloj de Acaz (2ª Reyes 20:11). En la alegría de su recuperación, Ezequías había exclamado: « echaste tras tus espaldas todos mis pecados… El que vive, el que vive, éste te dará alabanza » (Isaías 38:17, 19). La llegada de los mensajeros de Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia le daba una ocasión para hablar a estos idólatras de la gran bondad de Dios. Se habían enterado de la enfermedad y del restablecimiento del rey y venían para inquirir. ¿Posiblemente estos adoradores del sol, al ver a este último retroceder, habían pensado que Ezequías era el objeto de los favores de su ídolo? Son portadores de una carta, ciertamente muy diferente de la que había sido enviada anteriormente por el rey de Asiría, llena de arrogantes amenazas. Un obsequio la acompaña y el rey de Judá se regocija de esta visita que lo halaga. Las sonrisas del mundo van a hacer caer a este rey hasta entonces fiel. Estamos expuestos a igual peligro cuando recibimos con complacencia los halagos de la gente de este mundo o las de nuestros hermanos. Philippe Laügt Traducido de “ El Mensajero evangélico” 1991 p. 169-175 |
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