«¿Qué vieron en tu casa? »


2 Reyes 20:15

El hogar del rescatado es precioso  a los ojos de Dios. La  Escritura nos da  también importantes instrucciones sobre este tema.  Deseamos atraer la atención del lector sobre algunas de ellas para incitarlo a un estudio aun mas profundo, en el deseo de agradar al Señor en todo.

1) Los hogares de Israel en Egipto— La casa de Isaac

a - Casas donde brilla la luz

Veamos primero lo que pasaba en el país de Gosén en las viviendas de los hijos de Israel.  Dios iba a hacer pesar su juicio sobre Egipto y sacar a su pueblo de la esclavitud. En medio de las  tinieblas que ninguna claridad podía disipar, tan espesas que se podía tocar con los dedos, la luz brillaba en las casas de los israelitas. Dios separaba así a los suyos del mundo que los rodeaba.
¿Cómo no pensar en las tinieblas morales que invaden cada vez más  este mundo donde aun  vivimos?   La luz sólo puede venir del cielo. Debemos permanecer  bajo la influencia saludable de Aquel que es la luz del mundo  Juan 8:12).  ¿Brilla esta luz  en nuestras casas? ¿Ejerce su efecto bendito sobre  aquellos que la habitan como en aquellos  que allí entran  (Mateo  5:15; Lucas 8:16; 11:33; Miqueas 7:8).  En más de un hogar  cristiano la lectura diaria de la Palabra  de Dios falta y, por falta de luz, cosas preciosas pueden perderse. Actuemos  como esta mujer de Lucas  15:8 que enciende la lámpara para encontrar lo que ha extraviado. Tengamos cuidado también para que nuestra lámpara, en lugar de brillar, sea rápidamente escondida bajo el almud — símbolo de una actividad que busca satisfacer los deseos del corazón natural—o bajo una cama de pereza. Si es así, nuestro testimonio se debilitará rápidamente. (Mateo 5:14,15)

b - Instrucción de los hijos

  A menudo en la Palabra el primogénito es   el tipo del hombre natural, con Caín como  dirigente. Tanto  Israel como los de Egipto habían sido  expuestos al juicio y debían ser colocados  al amparo de la justa  ira de Dios por  medio de la sangre del cordero, figura conmovedora de la sangre de Cristo. Esta sangre debía ser colocada  en  los postes y en el dintel de la puerta, por fuera de la casa, ante el paso del ángel destructor.   Dios, que sólo podía apreciar todo el  valor, había prometido: «  veré la sangre y pasaré de vosotros, » (Éxodo  12:13). Posiblemente el hijo mayor preguntaba a  quiénes le rodeaban: “¿Puedo realmente confiar en esta promesa?”. ¿Habríamos estado dispuestos a responder Tienen nuestros hijos la libertad de plantearnos estas preguntas , al vernos vivir y actuar? ? (Éxodo :25-27 ; 13:8, 14).  ¿Existe esta relación de confianza en nuestros hogares?
No nos dejemos arrastrar por el espíritu de este siglo liberándonos a la ligera de nuestras responsabilidades que tenemos para con   nuestros hijos. Instruyámoslos en las verdades fundamentales de la salvación. La lectura y la oración diarias les harán poco a poco asirse  de lo que es   su salvación eterna. Dios desea  en gracia actuar en ellos una conversión efectiva, en el arrepentimiento y en la fe. Pero luego hay que seguir con cuidado y en toda ocasión la instrucción de los  niños. Crecerán en el conocimiento del Señor y en  los pensamientos de Dios (Génesis  18:19).

c - La conducta de los Padres.
  

Pero  sobre todo  nuestra conducta es la que puede tener sobre ellos un efecto decisivo. Debe ser real  que la Palabra está  atada como una señal  sobre nuestra mano, para actuar de manera digna del Señor. Debe ser también como un frontal entre nuestros ojos, para ayudarnos a escoger una senda de justicia práctica (Deuteronomio  6:8, 9).

d - Nada de parcialidad

Los padres  cristianos,  por desgracia, pueden alimentar pensamientos divergentes en cuanto a la educación de sus hijos, mostrar preferencias, incluso  parcialidad. Fue el caso del hogar  de Isaac y de Rebeca, fundado no obstante sobre el temor de Dios. No teniendo hijos, Isaac oró  insistentemente y esperó la bondad de Dios. El nacimiento de Esaú   y  Jacob fue la respuesta divina. Pero  a Isaac le faltaba firmeza moral, amaba  a Esaú  por   la caza que le traía.  Rebeca, mantenía  su carácter  familiar y mostraba la misma astucia que Labán, su hermano. Ella se reconocía en Jacob, su hijo favorito. El desorden y la miseria van a invadir esta casa. Solo la comunión con Dios  puede guardarnos de hacer acepción de personas,  incluso  con nuestros hijos.   (Proverbios  28:21).

2) La casa de Eli: no dejar entrar lo que perjudica a la piedad.

En la casa de Eli,  se desarrolla una verdadera tragedia. Este sumo sacerdote   estaba ligado   al arca,  figura  de Cristo, esto es  indiscutible  (1ª Samuel  4:18). Pero podemos preguntarnos cuál era la atmósfera que reinaba en la casa de este siervo de Dios.  Ocupado  por los  intereses del pueblo, ¿no descuidó  al no dar   los cuidados necesarios para los suyos?    Sus hijos  se corrompieron porque no los detuvo (1ª  Samuel  2:29; 3:13). Se hicieron  hijos de Belial.
A menudo se pone  énfasis en la maldad del mundo, en los esfuerzos que el  enemigo  hace para desviar a nuestros hijos  y sobre las malas acciones de la carne siempre preparada para manifestarse en nosotros. Es   necesario no  olvidar que para ellos  los recursos de Dios son plenamente suficientes. Hay que velar a  las puertas para no dejar entrar en  la casa lo que podría poco a poco arruinar la atmósfera de piedad tan indispensable para el desarrollo  de nuestros hijos (Salmo  144:12). Además la muralla debe estar  en buen estado delante de cada una de nuestras casas (Nehemias  3:10, 23, 28, 29) para separar lo que es santo de lo que es profano (Ezequías  42:20).

3)  Casas donde está  fe, las oraciones y la Palabra de Dios.

En contraste con  los ejemplos precedentes, observamos que Job  aparece como un padre atento. En su gran piedad, se preocupa  en  santificar  a los suyos, ofreciendo  para ellos holocaustos en  el caso que hubieran  pecado contra Dios en el curso de sus fiestas familiares (Job  1:5). ¡Cuán necesaria es la intercesión continua de los padres¡  Citemos también a Josué. Cuando  revela el mal que invade el pueblo de Dios, declara: «pero yo y mi casa serviremos a Jehová »  (Josué 24:15). Esta decisión supone que se apoyará constantemente en la gracia de Dios. Acordémonos también  que Timoteo tuvo el privilegio de estar rodeado de  mujeres de fe.  Vivía una fe sincera en casa de su abuela Loida  y en casa de su madre Eunice. Los padres no pueden salvar a sus hijos, pero  la fe personal de Timoteo se pudo fortalecer por el contacto con su madre y abuela (2ª  Timoteo 1:5). No menospreciemos nuestra herencia espiritual, como lo hizo Esaú, este hombre que la Escritura lo denomina un profano (Hebreos 12:16).

4)   Gustar juntos de las fuentes divinas 

Sucede  también que  los esposos estén divididos en cuanto a la fe. Estos problemas dolorosos están vinculados  o por  la desobediencia a la voluntad   del Señor que está sin embargo claramente expresada por Dios (2 ª Corintios 6:14) o por  la conversión de uno de los esposos después de su matrimonio.
El que es conducido  al conocimiento del Señor después de su matrimonio sin duda tendrá que sufrir, pero tiene  a Dios por  él. En su deseo de ganar a aquel o aquella a quien  está  unido, puede contar con Su gracia maravillosa.
 Uno de los privilegios de la familia cristiana es alimentarse juntos del «  cordero asado al fuego », según lo que cada uno puede comer.  Así como del maná, los recursos divinos eran  suficientes y los límites siempre de nuestro lado  (Éxodo  12:4, 8; 16:16). Este cordero, tipo de Cristo, se comía acompañado por hierbas amargas. Cada uno debía  realizar  en  humillación y  juicio personal  cual era la  causa de su pecado para  que el Cordero de Dios pudiera  conocer  tan grandes sufrimientos, bajo el fuego consumante de la justicia divina.
Se sirvieron la comida   con los  lomos  ceñidos, las sandalias en  los pies y el bordón en la mano. El pueblo de Dios iba a dejar Egipto y a tomar posesión de su herencia. Para nosotros también, como hijos de Dios  la salida es inminente. Cristo va a venir para buscar los suyos. ¡Que  testimonio para los que nos rodean, si cada uno, en la casa cristiana, mostramos claramente que somos  extranjeros y forasteros sobre la tierra y que esperamos prontamente  la salida!  (Hebreos  11:13-16)
Puede que comprendamos mejor  la importancia del asunto al ver  la petición del profeta Eliseo  a la viuda que le solicita  ayuda: «  Declárame qué tienes en casa»  Ella responde: «Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. (2ª Reyes 4:2
Aparentemente es muy poca cosa, pero posee lo esencial. El aceite en la Escritura es una figura del Espíritu Santo. Necesitamos en nuestra casa experimentar  la misericordia y la omnipotencia de Dios. El multiplica los recursos más débiles incluso allí donde no los hubiera. Si comprendemos que somos solo vasos  vacíos, Dios podrá llenarnos  y dar una rica  bendición. Simplemente debemos reconocer delante de Él nuestras necesidades; entonces su fuerza está para la  disposición de la fe.

5) Dar testimonio y gloria al Dador (Dios)  

«¿Qué vieron en tu casa? » Esta pregunta hecha a   Ezequías  por Isaías es de aquellas que son dirigidas a nuestra conciencia. El profeta primero había inquirido: « ¿Qué dijeron aquellos varones, y de dónde vinieron a ti? » (2ª Reyes 20:14)  Ellos venían de Babilonia,  ciudad idólatra y corrompida que no tardaría en imponer su supremacía en este mundo, a expensas   de Asiría.  Es en este contexto  que Isaías le pregunta al rey¿Qué vieron en tu casa? » Y Ezequías le responde: « Todo lo que hay en mi casa han visto.» (Isaías 39:4; 2ª  Reyes 20:15). Respuesta que va a poner en evidencia una grave debilidad  en el testimonio al cual este rey había sido llamado.   Acababa de estar gravemente enfermo pero Dios había oído   sus súplicas, prolongando su vida en  quince años.  Y, para confirmar su promesa, le había concedido una señal extraordinaria, del que cada uno había sido testigo. La sombra había regresado atrás  diez grados en el reloj  de Acaz (2ª  Reyes 20:11). En la alegría de su recuperación, Ezequías había exclamado: « echaste tras tus espaldas todos mis pecados…  El que vive, el que vive, éste te dará alabanza »  (Isaías  38:17, 19).  La llegada de los mensajeros de Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia  le daba una ocasión para  hablar a estos  idólatras de la gran bondad de Dios. Se habían enterado de la enfermedad y del restablecimiento del rey y venían para inquirir. ¿Posiblemente estos adoradores del sol,  al ver  a este último retroceder, habían pensado que Ezequías  era el objeto de los favores de su ídolo?  Son portadores de una carta,  ciertamente muy diferente de la que había sido enviada anteriormente por el rey de Asiría, llena de arrogantes amenazas. Un obsequio la acompaña y el rey de Judá se regocija de esta visita que lo halaga.  Las sonrisas del mundo  van a hacer caer a este rey hasta entonces fiel.  Estamos  expuestos a igual peligro cuando recibimos con complacencia los halagos de la gente de este mundo o las de nuestros hermanos.
Dios deseaba que aprendiera  todo lo que había  en su corazón: lección difícil, humillante, pero necesaria para todos nosotros (2ª  de Crónicas   32:31). Ezequías escucha a estos embajadores y, sin procurar conocer el pensamiento de Dios, les muestra todos sus tesoros, su casa, su dominio  Incluso verán su arsenal, pero ni una palabra de la casa de Jehová, ¡« donde  todo proclama su gloria»! (Salmo 29:9).                 ¿Temía contrariarlos? Esto es lo que arriesgamos,  por desgracia, cuando recibimos  a incrédulos a nuestra casa. Luego perdemos el tiempo en mostrar   lo que poseemos y que pronto dejaremos  tras  de nosotros.  (Isaías  39:6), y olvidamos hablar del Dador. Habría podido explicarles  cuál era el culto dado  al Dios únicamente verdadero. Ciertamente ellos necesitaban como  los que nos rodean, perdidos y desgraciados, sin esperanza y sin Dios.
Esta escena humillante es rica de lecciones. Todo aquello  de lo que posiblemente seríamos tentados a  vanagloriarnos delante de los hombres es reservado para el fuego.  ¡Qué Dios nos permita  caminar  en la  integridad de nuestro corazón en medio de nuestro hogar  (Salmo  ¡101:2), buscando Su gloria!   El buen olor de Cristo se respira en un círculo familiar  donde  todos  ellos están  unidos en la fe y caminan en  la verdad (2ª Juan  4). Tal familia tiene  bendición alrededor de ella y en el seno de la asamblea.
                                                                                                    

    Philippe Laügt

Traducido de “ El Mensajero evangélico”  1991 p. 169-175                                            

 


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