ALGUNOS ESCRITOS PARA LAS HERMANAS

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SUJECION DE LA ESPOSA  A SU MARIDO
Notas sobre la Epístola a Los Efesios, Capitulo 5.

 Es muy familiar la manera que el Nuevo Testamento nos presenta la instrucción: hay una relación hecha, desarrollada con amplitud  e insistencia en la Palabra, tenemos que glorificar a Dios por esto. Igualmente hasta en las cosas naturales esto es así, el Espíritu de Dios se sirve de la relación diaria  como una ocasión para manifestar la relación espiritual que nos corresponde. Y si nuestros corazones están ocupados  de la extrema gracia que ha formado un  vínculo nuevo y eterno, podremos encontrar, en la relación natural como en la relación espiritual, no solamente un motivo, sino un modelo y  poder para glorificar a Dios. En ninguna parte esta verdad ha sido demostrada de una manera tan sorprendente que en la primera de las relaciones en las cuales el Espíritu de Dios  se extiende  de una manera muy particular: «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;»

La primera comparación que él emplea para entrar en la relación espiritual que nos es presentada bajo la figura del matrimonio, hace resaltar  en primer lugar  la primacía del hombre como teniendo la fuerza particular en la vida matrimonial.  Sabemos todos que, en el matrimonio, el hombre  es la cabeza de  la mujer; es decir  que aunque el matrimonio no existiera, el hombre tendría, independientemente del carácter, un lugar que no puede tener la mujer.

Un hombre puede tener falta de cordura y  su mujer tener mucho mas firmeza y sabiduría; pero esto no cambia en nada el orden de Dios. Un  hijo  puede estar dotado de una gran prudencia, mientras  que sus padres sean   débiles e imprudentes. Sin embargo, la relación es absolutamente independiente del carácter particular, del estado, de la condición, sea de aquellos que ocupan un cargo superior, sea de aquellos que están en la posición  subordinada. Y es muy importante que tengamos esto muy  asentado en nuestras almas,  a  fin de que   las circunstancias nunca puedan servir de pretexto para  trastocar el orden de Dios. Hay circunstancias  penosas que dan inmensas  dificultades  en ambos lados. Pero, es de una gran importancia recordar que, en todos los casos, la autoridad del orden según Dios subsiste siempre, nada justifica jamás la desobediencia a Su voluntad.  Puede haber casos donde la obediencia en el orden natural según Dios sería un pecado; allí  donde  la desobediencia a Dios no es un deber. No es posible que  seáis emplazados  a desobedecerle  en cualquier circunstancia; pero  puede que seáis  llamados a obedecer a Dios más que a los hombres. Es una gracia muy grande, en verdad, que los casos sean raros donde  la obediencia a Dios  comprende una aparente infracción al orden natural y al deber moral.  Sin embargo,  tales casos se pueden presentar. Veréis, por ejemplo, al comienzo del libro de los Hechos, a  las autoridades de entonces, que gobernaban al pueblo de Israel ordenando a Pedro y a Juan  que no enseñasen   en el nombre de Jesús.  Ahora bien ¿Qué podían hacer ellos, sino  colocarse bajo la autoridad de Dios? Podían declarar  a  los  mismos gobernadores en frente de todos los hombres que sus conciencias estaban  ligadas  hacia Dios. Así pues, antes de entrar en las particularidades, constatamos que ese gran principio permanece y permanece perfectamente claro, a saber, que la obediencia es siempre  la porción del cristiano.

Luego, como resultado de la exhortación general de someternos los unos a los otros en el temor de Cristo             ( porque en este capítulo  el honor es continuamente atribuido a Cristo) el Espíritu escoge en primer lugar,  muy  apropiado  en  la mujer cristiana, y coloca este principio: «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;» Puede parecer que este lenguaje sea muy fuerte cuando pensamos en lo que pueden ser los maridos, sin embargo es de mucho valor estar siempre seguros que Dios está en la verdad. En la prudencia humana esto puede parecer  poco circunspecto. ¿Puede ser igualmente que tengáis un marido inconverso?  Pero permitid solamente intervenir al Señor y tendréis  en seguida  el poder que  da la sumisión fácil  y aprended hasta que medida  la sumisión debe ser llevada. Pero lo demás, vosotras tenéis lo que os guardará  contra el abuso del principio: «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;» Del momento que se hace intervenir al Señor, cada cosa entra en su verdadero lugar. Si se trata de una prueba o de un sufrimiento,  o de  palabra, sea lo que sea, es lo mismo. El Señor puede colocarnos en medio de grandes dificultades y de grandes peligros. ¿Que es lo que conviene al cristiano bajo  parecidas  circunstancias? Una sumisión sin reserva. Porque debo estar segura que, cualquiera que sean los quebrantamientos de espíritu que tales `pruebas puedan ocasionar, sin embargo todo lo que hace el Señor es mucho mejor y es lo  mejor, y, en resumidas cuentas, el mas  justo que fortalece mi alma— el Señor  es  incapaz de ordenar respecto a mí  uno sola cosa que no sea para el bien duradero para la alabanza su propio nombre.

 La mujer cristiana puede tener un marido que la hace sufrir cosas duras y penosas; posiblemente la trata como nada y a menudo  le exige lo que es irrazonable. Pero si el yugo está resentido, ¿que lo puede calmar? «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;» la mujer debe someterse a su marido como al Señor; que ella vea en esto al Señor, en lugar de la falta de consideraciones y del mal carácter del marido, y  así su camino será fácil. Es necesario que ella  lo haga un ejercicio, no simplemente un deber, sino de confianza en el Señor, que está por sobre todo  en su amor, sus cuidados y su gobierno.  Es allí donde el Espíritu Santo coloca el punto de partida y la base de las  instrucciones variadas que va a seguir.

Comienza por esta gran verdad de que la mujer cristiana debe someterse a su marido como al Señor.  No se trata entonces simplemente  de una cuestión de afecto, que  consideraría solo al hombre; si duda el afecto es una cosa absolutamente necesaria como elemento natural, pero también  se encuentra en personas que no son cristianas. Sin embargo  no se trata de lo que puede exigir el marido, ni de lo que yo puedo creer que es conveniente.  Tales cosas pertenecen al dominio de los sentimientos  y de la moralidad. Pero  lo grande es, que Dios no puede estar con una mujer cristiana que marcha habitualmente en la desconsideración  de Aquel que hizo la base de esta relación, en  ella, como mujer,  No le permitirá a un cristiano marchar sólo según principios morales o convencionales. Estas cosas pueden ser buenas  en su lugar, pero, como cristiano, tengo un llamamiento mas elevado, el cual derrama, —cualesquiera que sean  las dificultades y aun cuando aquel al que debo la sumisión no fuera cristiano—la dirección bendita; «Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;». El da a la mujer cristiana el privilegio de ver al Señor detrás de la persona del marido, y es a Él que ella debe servir y a Él debe someterse. Hay en este pensamiento una gran consolación para la mujer cristiana aun en la más probada. Pero entonces se presenta   el límite de la prueba—porque hay un término en cada senda— y  esta es: que Dios no nos coloca nunca en circunstancias  donde podamos impunemente cometer pecado. Así pues, admitiendo que un marido pida lo que sería un pecado, la mujer sabe desde luego  que no está bajo la obligación de obedecer; porque  se le dice que debe someterse a su marido como al Señor.  El Señor nos sancionaría nunca aquello que sería un pecado.

Tenemos que velar muy cuidadosamente en nosotros mismos  a este respecto. Allí donde existe la menor tendencia de  apartarse de la senda de la sumisión, haremos bien en examinar y sondear si somos sabios según Dios.  La naturaleza no tiene nunca su complacencia bajo la  sujeción. Y si me encuentro en el caso de tener que servirme de la verdad de Dios para  justificar un  acto  donde yo manifestara una   falta de sumisión hacia la autoridad del otro, necesito, aquí sobretodo, cuidarme de mi mismo con  un mayor celo. Cuando estamos en una senda donde la sumisión es requerida, dejemos el lugar al Señor  para que Él sea  con nosotros. Si deseamos que nuestra obediencia esté marcada por un santo carácter de fe y de poder, consideremos que es al Señor que obedecemos, aunque sea que estemos sumisos a  una autoridad terrenal. La verdad bendita que el Señor introdujo, comienza a abrirse ante nosotros:

« Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su Salvador»…

                                                           W. Kelly
 

Traducido de "El Mensajero evangélico" año 1954.

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EL LUGAR DE LA MUJER
Notas tomadas de las reuniones de Paris
Año 1946-1947

 
 1Timoteo 2:11-15;
… tenemos que  velar que nuestro exterior sea según el Señor. En los versículos 9 al 11, es recomendado que las mujeres pongan cuidado con su compostura exterior. En el Antiguo Testamento (Deut, 22:5) el cambio de vestimentas entre el hombre y la mujer estaba  prohibido.  La persona que hacia estas cosas estaba en abominación con Jehová. Hoy día, Satanás busca poner confusión  en todas partes. Es como si el Señor dijera: Valoro que esta  mi sierva  (o mi siervo)  tenga una vestidura  conforme a mi Palabra, y no otra que esta”. En Pedro, encontramos el mismo tema de la compostura exterior vista por los incrédulos. Esta compostura puede constituir un poderoso testimonio (1ª Pedro 3:1-5). La vestidura exterior es, por otra parte, el reflejo del estado del corazón (el hombre escondido del corazón). Dios desea que las hermanas progresen, como los hermanos, en el conocimiento del Señor.

Una hermana  es considerada como un vaso muy frágil (1ª Pedro 3:7), pero Dios  desea llenar ese vaso tanto como el corazón del hermano. La  mujer no debe enseñar ni hablar en público (1ª Cor 14:34). Dios se lo prohíbe,  y si lo hace  deshonra a  Dios y se deshonra a si misma. Pero su alma puede progresar en el gozo y en el conocimiento del Señor en la comunión con Él. Debe aprender en el silencio, en toda sumisión, y debe aprovechar todos los medios que Dios  le da para su crecimiento, y  no faltará en colocar a su disposición para esto; tenemos un bello ejemplo en Maria a los pies del Señor (Lucas 10:39). Dios  coloca al marido para instruir a su mujer, pero también tiene en su mano todos los medios,  y si la mujer  no tiene marido, ella será como Ruth la Moabita de quien Booz dijo: «Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados.»  (Ruth 2:9).

El Señor provee de  Sus siervos    a quienes  Él da la fuerza,  la capacidad necesaria y, por su medio, Él da  la  frescura para todos.   ¿Aprovechamos las reuniones preciosas que Él nos da?  Es necesario aun recordar que Booz recomienda a Ruth que no vaya a otro campo. El Buen Pastor nos conduce a  los  verdes pastos  que responden a todas las necesidades para todos los tiempos, pero no es necesario ir a otro lugar a  buscar un alimento  dado por el hombre en la carne. Es un hecho general que eleva  más alto  al  cristianismo. La mujer cristiana que olvida estos versículos deshonra a Dios  y no atrae sobre ella bendición. Si la mujer desea ser bendecida ella debe quedar en su lugar. 

Las mujeres que han quedado fieles en su lugar, Dios las ha honrado. Dios nos explica el  porqué la mujer no debe usar de autoridad sobre el hombre y debe aprender en el silencio. Para  aquella que se somete, la bendición es dada por Dios, una riqueza de misericordia frente a todo lo que el  estado de la mujer  necesita (salud del cuerpo a través del alumbramiento).  Es el  privilegio de la mujer cristiana  que puede confiar en Dios en la fe y en la obediencia.

 

1ª Timoteo 3:11

.. Se trata especialmente de las esposas de los ancianos y siervos, sin embargo los caracteres mencionados aquí se aplican a todas. Deben ser sobrias, fieles en todo. Los ancianos y siervos pueden ser llamados, como lo dice n los versículos   anteriores a penetrar en ciertos secretos. Es necesario saber enterrar en su corazón muchas c osas y solamente hablarlas con Dios. Si se toma en cuenta todo lo que se oye, de todo lo que se sabe, se estaría en un estado de perpetuo problema. Antes de colocar alguna cosa en público, es necesario que el hermano
Coloque el asunto delante de Dios y que esté muy seguro que es la voluntad de Dios actuar así. Para las hermanas, es lo mismo. LA Palabra no olvida nada; en el capítulo 2, ella nos dice lo que debe ser la vestidura exterior de la mujer; aquí ella nos presenta  un estado interior mas profundo. La vestimenta exterior y el estado interior deben estar en armonía. La vestimenta exterior debe ser el resultado del estado interior, Este estado interior debe ser para todos; aquel que, aunque no siendo anciano ni siervo, o aquella que, no siendo la esposa de un anciano o de un siervo, dirá: “Esto no me concierne”, mostrará  con esto su poco apego al Señor y revelara que su corazón no desea servir al Señor de cerca. Ademas este estado malo influenciará sobre en toda la Asamblea. Algunos dicen que cada individuo es responsable, y no la Asamblea. Esto es un error, porque es un encaminamiento  hacia el estado del pueblo de Israel en los tiempos de los Jueces donde cada uno hacia lo que bien le parecía. LA Palabra nos dice: La Asamblea es manchada cuando ella tolera el mal (Ver 1ª epístola a los Corintios). El día cuando el principio de la responsabilidad individual personal sea admitido,  no será  más la Asamblea de Dios. . Y los hermanos que el Señor guardara en los principios de la Palabra estarían obligados a separarse de esto sin vacilación.  Ser marido de una sola mujer no se le dice solamente a los ancianos y siervos, es requerido a todos los hermanos lo sabemos en otro lugar de la Escritura. Aquí, esto es señalado a causa de la importancia del orden en el servicio que no puede ir a la par con el desorden  en los hogares. El orden familiar, en donde el asunto es tocado dos veces en este capítulo, reviste una importancia considerable en presencia de la tendencia actual de olvidar  en la familia las verdades que Dios, Él, no las olvida. . Esta tendencia. Cuyo origen es muy antiguo, no es más que la independencia. La autoridad ha sido dada  al hombre en la familia, el es el jefe del hogar, y todos los razonamientos y las teorías humanas no cambiarán en nada a la Palabra de Dios. ...

Traducido de “El Mensajero Evangélico” año 1966.

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El lugar en el Hogar

Efesios 5:22-24
«Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. »
 
Lo que se dice en estos versículos es fuerte, porque, como a menudo de los casos, la mujer puede tener mas sabiduría que su marido, pero el efecto de esta sabiduría será para la mujer dejar a su marido el lugar que Dios le ha dado; porque si la gracia de Dios actúa en el corazón, el orden de Dios reina siempre, y si la mujer gobierna, Dios no está allí. Pero si esta sabiduría especial de Dios es reconocida, el orden de Dios es mantenido, y la bendición es la consecuencia.

J.N.Darby

Traducido de “El Mensajero Evangélico” año 1968.

 

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El servicio de la Mujer

 Hasta ahora, hemos estado ocupados del servicio confiado a los hombres, al menos lo que concierne al ministerio público. No deseamos cerrar estas líneas sin antes recordar lo que el Señor confía a las mujeres, a las hermanas en la asamblea. El evangelio de Lucas revela de una manera particular la actividad de aquellas que  han seguido, servido y asistido al Señor con sus cuidados. Aunque  el ministerio público pertenece a los hombres, las mujeres manifiestan a menudo una devoción particular   hacia el Señor; su dominio es el de los afectos por Cristo: Es una mujer que unge sus pies. Muchas de ellas vinieron a la cruz, y después al sepulcro.

 El Señor las honra. ¿No es a una samaritana que le enseña el pensamiento de Dios en  cuanto a la adoración;  a la pecadora de Lucas 7, que riega sus pies   con lágrimas, anuncia el evangelio completo por primera vez;  a Maria de Betania quien le revela que ella había ungido su cuerpo para el día de su sepultura, a  Maria de Magdala que le comunica la posición y la relación de aquellos que son rescatados  y son introducidos por su sangre?

Si el servicio de las mujeres ocupa un lugar particular en el Nuevo Testamento, los libros del Antiguo Testamento nos presentan la actividad de  numerosas siervas. Tan pronto de haber pasado el Mar Rojo, oímos a Maria, hermana de Aarón, con todas las mujeres, cantar el cántico de la liberación (Éxodo 15:20). El capítulo 35 de Éxodo, que nos presenta al pueblo  de Dios ocupado por la preparación del tabernáculo, revela  las actividades de mujeres inteligentes y hábiles de Israel. Que su corazón aportó, hilando el azul, la púrpura, la escarlata, del lino fino y el pelo de cabra. ¡Que bendición para la asamblea, cuando las hermanas tejen en su corazón, cultivan en su hogar y aportan en la reunión lo que  es de ellas para glorificar al Señor, como también para asegurar la impermeabilidad en cuanto al mal y al mundo gracias al «pelo de cabra».! Ruth la Moabita es la imagen de un corazón resuelto, ansioso de recibir la bendición allí donde Jehová la  entrega. Cumpliendo una humilde actividad a los pies de aquel en el cual está  la fuerza.  Ana, madre de Samuel, mujer piadosa y espiritual, solo tiene un deseo, conducir a su hijo lo más pronto posible a la casa de Dios,  a fin de mostrarlo ante Jehová, el cual  habitará allí para siempre. Es lo que ella hizo. Podríamos considerar con provecho la sabiduría de Abigail. El discernimiento de la Sunamita y las virtudes de tantas otras mujeres mencionadas en las Escrituras.

Si la Palabra no autoriza a la mujer el enseñar públicamente, si ella ordena  guardar silencio en la asamblea, es verdad también que una hermana espiritual puede ser de una gran utilidad en el dominio privado y esto mismo  al lado de los hermanos, como condición que ella no se salga de su lugar, no usando la autoridad sobre el hombre. Aquilas y Priscila estaban juntos  cuando ellos conversaron con Apolos, explicándole más exactamente los caminos de Dios. (Hechos 18:26).

Pero la esfera de la mujer  es esencialmente la del hogar, de la familia. Pablo exhorta a las mujeres ancianas a enseñar buenas cosas, instruyendo a las hermanas jóvenes a amar a sus maridos, a amar a sus hijos, a ser sabias, puras, ocupadas del cuidado de sus casas, buenas, sumisas a sus propio maridos a fin de que la Palabra de Dios no sea blasfemada. Se sabe que la piedad no es hereditaria, pero un ejercicio personal,  como la fe de Timoteo sin duda inculcada por su abuela Loida  y su madre Eunice, como también antiguamente lo hizo la madre de Lemuel con su hijo,  auque era rey.

Permita el Señor inclinar el corazón de las hermanas para que sean llenos, en la esfera que les ha sido dada, el precioso servicio que Él les ha confiado. ¿La casa no es el lugar propicio para la oración? Ciertamente, las ocupaciones cotidianas  son propias para llenar los días, pero la piedad producirá la energía espiritual y la diligencia para poner a parte el tiempo necesario par la oración. Esto resultará en un enriquecimiento personal, una atmósfera santificada en el hogar, como también una bendición par la asamblea.
                                                                     

P.C.



 Traducido de “El Mensajero evangélico” año 1981.

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EL Lugar de la mujer en el servicio

Mateo 27:55, 56, etc...
La parte que toman estas mujeres en toda esta historia es muy instructiva, sobre todo para ellas.  La actividad del servicio público, lo que puede ser llamado «la obra» pertenece naturalmente a los varones (es lo  que en general lleva el nombre de ministerio), aunque las mujeres tiene parte en parte una actividad preciosa en el dominio privado. Para hay otro lado de la vida cristiana que les pertenece especialmente: es  la  devoción personal hacia Cristo en el amor: Es una mujer que ungió al Señor, mientras que los discípulos murmuraban; son las mujeres que se encontraban en  la cruz mientras que todos, exceptuando a Juan, le habían abandonado; aun son las mujeres que vinieron al sepulcro, y fueron enviadas a anunciar a los discípulos  lo que había sucedido, luego que aquellos se habían vuelto a sus cosas; en fin,  son mujeres que asistían al Señor de sus bienes.
 
Y esto en verdad  esto va más allá. La devoción en el servicio puede ser  la porción del hombre, pero el instinto del afecto, lo  que entra más íntimamente en la posición de Cristo, que tiene  relación  con sus sentimientos,   en una muy estrecha comunión con los sufrimientos, es parte de la mujer, —seguro parte p muy gozosa.  La actividad del servicio para Cristo coloca al hombre un poco fuera de esta posición, al menos que el cristiano no esté vigilante. Sin embargo cada cosa en su lugar. Hablo de lo que caracteriza  a la posición de cada uno. Porque hay mujeres que han servido mucho, y hombres que han sentido mucho.

 Notemos también esto, lo que creo haber observado, que esta atracción de corazón hacia Jesús es la posición  de aquellos que han recibido las comunicaciones del verdadero conocimiento. El evangelio completo es anunciado  por primera vez  a una  pobre mujer   que era pecadora  y que enjugaba sus lagrimas a los pies de Jesús. (Lucas 7).
 
A Maria de Betania le anuncia que ella lo ha embalsamado para su muerte; a Maria Magdalena le hace conocer  nuestra posición mas elevada, y la comunicación que Pedro podía, la ha hecho a Juan que estaba en su seno. Y vemos que aquí las mujeres han tenido una gran parte.
                                                            

J.N.Darby

 

 Traducido de “El Mensajero Evangélico” año 1877.



 


Granos de Vida 2008