- El con nosotros, nosotros en El.
(Jesús dice : ) «He aquí, estoy a la puerta y llamo: Si alguno oye mi voz, y abre la puerta, Cenaré con el, y el conmigo.
Apocalipsis 3. 20
Jesús compara nuestra vida a un departamento del cual El sería el propietario, y nosotros el arrendatario. En efecto, El en nosotros, nosotros en Él. Amoblamos el departamento según nuestras conveniencias y gustos; organizamos nuestra vida, hacemos planes; nos instalamos. Él, el Salvador, aun está fuera, en el umbral de la puerta. Posiblemente está allí desde hace tiempo, y podría quedarse allí por mucho tiempo más, porque es paciente.
¿Lo dejaremos entrar? ¿Le abriremos la puerta? Allí está todo el asunto. La llave, que la tenemos nosotros; está en el interior. El está por fuera…, llama, y espera.
Tenemos entonces delante de Jesucristo que se nos presenta, una decisión que tomar.
¿Formamos parte de los que no abren? De los que dicen: “abriré más tarde” ¿O somos de los que deciden abrir sin tardar más?
Preguntémonos de cual lado de la puerta se encuentra Jesucristo. ¿Afuera o adentro?
¿Está por fuera o dentro de nuestra vida?
Todo cambia en nuestra existencia si vive en nosotros. Ábrele entonces si no lo has hecho.
Entonces entrará y, con él, vendrá esta felicidad verdadera que no depende de las circunstancias de la vida, y que buscas posiblemente después tanto tiempo.
p.Gadin
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- Lo que es verdaderamente gratuito
Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir…, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
1ª Pedro 1. 18, 19
Un responsable de marketing hizo colocar cámaras en las secciones de una cadena de supermercados. Se trataba de observar y analizar el comportamiento de los clientes, con el propósito de incitarlos a comprar lo más posible. Las estrategias de venta son cada vez más sofisticadas. Los productos están colocados en un orden preciso teniendo en cuenta la psicología de los consumidores. El afiche es estudiado minuciosamente. Es preciso que el cliente ceda, y llene al máximo su carrito. Las palabras “gratuito”, “descuento”, “promoción” están por todas partes. Se exclama mucho que cada uno es libre de sus elecciones, mientras que el cliente es observado, orientado hasta su paso por la caja.
Y en nuestra vida ¿no es a menudo un poco lo mismo? El mundo está como en un supermercado inmenso. Su oferta responde a todos nuestros apetitos. Nos consideramos libres, pero si esta libertad se resume en satisfacer nuestros deseos o pasiones, arruinamos nuestra vida.
Numerosos son los medios de perder su vida, pero uno solo puede salvarla. Este medio, Dios lo ofrece gratuitamente. El don de Dios, es su Hijo único. Desde ahora, nos libera de la futilidad del mundo y de nuestros malos deseos; y para el futuro, nos asegura el cielo y la presencia divina. El don de Dios es gratuito para el que lo acepta, pero ha sido de un precio infinito para Dios. No lo despreciemos.
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¿Como validar mí cheque?
Agradó a Dios… salvar a los creyentes… nosotros predicamos a Cristo crucificado…, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.
1ª Corintios 1. 21-24
Cristo murió por nuestros pecados…, fue sepultado…, y resucitó.
1ª Corintios 15. 3, 4
Me ha llegado un cheque y, con paso ligero, voy al banco para que el monto sea colocado en mi cuenta. El empleado de la ventanilla examina el cheque: está bien extendido y debidamente asignado. Por lo tanto, con un rápido gesto, vuelve y me dice: “es necesario endosarlo”. Es preciso que yo firme el dorso del cheque para aceptar sea girado a mi cuenta.
Esto me hace pensar en lo que mi Salvador ha hecho por mí. Todo ha sido cumplido para la salvación de los hombres. Jesús no descendió de la cruz antes de haber dicho “Cumplida está” (Juan 19:30). Dios mismo ha dado la seguridad de su perfecta complacencia resucitando de entre los muertos. ¿Esto quiere decir que todos los hombres serán salvos? ¡Lamentablemente ¡ no. Todos son invitados, pero muchos rehúsan la invitación. El cheque está bien extendido: “Porque de tal manera ha amado Dios al mundo, que ha dado a su Hijo, para que todo aquel que cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Pero es necesario “endosarlo”, por decirlo de otra manera, creer aquello que está escrito, lo que Dios dice. Es necesario, por nuestra “firma”, nuestra aceptación personal, reconocer humildemente que somos de esos “aquel”, uno de esos perdidos que creen en el sacrificio de Cristo y que, por consecuencia, poseen la vida eterna.
Aun hoy día, querido amigo, el ofrecimiento de la vida eterna está presente. No dejes pasar el tiempo de su validez.