IGNORANCIA

La ignorancia es un estado  lamentable, a menudo humillante, algunas veces culpable. Aun mas  muy   peligrosa. Es verdad sobre todo en el dominio espiritual; tomando únicamente esto último, decimos que la ignorancia puede ser total o parcial.

Hablando de la ignorancia total, pensamos  en todo aquel que rechaza  completamente el testimonio divino,  hasta  el de la creación: «Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 
porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido
…» (Romanos 1:18-23). Sin embargo el conocimiento jamás ha sido perfecto aquí en la tierra, y  de esto  resulta inevitablemente una ignorancia parcial, más o menos mayor, ¡que es muy  deseable ver que se reduzca   al mínimo! Es beneficioso para el corazón aprender pro la Palabra, que Dios no desea que estemos en la ignorancia;  y esto,  en diversos aspectos particularmente revelados:

En cuanto a la creación:
 « Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. » (Salmo 19: 1-3).

 En cuanto a la ley:
« La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. » (Salmo 19: 7,8).

En cuanto al Hijo:
« que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor…Vinieron, pues (los pastores) apresuradamente, y hallaron…al niño  Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.  » (Lucas 2:8-20)…« a fin de conocerle » (Filipenses ·.10; 2ª Pedro 3:18).

En cuanto al misterio escondido desde los siglos:          
« Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,  el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria…»                          (Colosenses 1:24-27).
 
En cuanto a la doctrina:
« Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. » (Lucas 4:32). « Jesús les respondió y dijo:  Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta» (Juan 7:16-17).  «Y ellos perseveraban en la doctrina…» (Hechos 2:42). «Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe… » (1ª Timoteo 6:3) etc.

 En cuando a las intenciones  de Satanás:
«… para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones. »  « viene Satanás, y quita la palabra… » (Marcos 4:15) «Satanás se disfraza como ángel de luz». (2ª Corintios  11:14).
  El Espíritu de Dios coloca delante de nosotros,  en pocas palabras, una terrible realidad   en  lo que concierne a nuestro estado natural: «…en otro tiempo erais tinieblas». —Notemos con mucha atención, que el hombre natural no está solamente en las tinieblas, sino  que es tinieblas.  Esto establece  de manera muy irrefutable que el hombre natural (no convertido), absolutamente no puede por sus propios medios, conocer a Dios; no puede ser objeto de la gracia divina. — ¡Ah!  De todo corazón, hagamos subir un himno de alabanza, de reconocimiento, de adoración  dirigida  « al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz » (Colosenses 1:12).

Lo que acabamos de ver nos coloca sobre un terreno de responsabilidad, pero también de bendición. El Señor nos revela sus  pensamientos por  su Palabra, Cuan deseable es que haya en nuestros corazones necesidades reales, de manera  que encontremos gozo al leer, en meditar, en buscar en las Escrituras, lo que es apropiado  para hacernos crecer en el conocimiento  y en el gozo de nuestro adorable Señor y Salvador. Escogemos  esta ocasión para recomendar a todos, los escritos  de nuestros hermanos que  nos han precedido, deseamos decir  que  ellos están sometidos  exclusivamente  a la Palabra de Dios,  que están  a nuestra disposición, y que  nos ayudan a comprenderla.

Después de algunas consideraciones, examinemos diversos pasajes, en los cuales el  tema de  la ignorancia,  está de maneras muy diferentes.
 Hechos 3:17 y siguiente: « Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes también… » Con respecto a Israel  culpable, la paciencia de Dios se ejerce aún, en virtud  de la intercesión  de Cristo en la cruz: « Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. » (Lucas 23:34). Esta  oración ha sido concedida, y  estos juicios no han caído inmediatamente sobre el pueblo, Dios usa aun  paciencia hacia ellos, presentándoles, que si se arrepienten el retorno de su Hijo será  para bendecirles. Sin embargo,  después del capítulo 4 de este libro, a no es un asunto de ignorancia nacional como aquí: la oposición hacia el Espíritu Santo se acentúa mas  y mas, y se manifiesta en todo su horror con la muerte del primer mártir, Esteban (Cap. 7:57-60). El tiempo de paciencia de Dios  tendrá  su término: « Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó...»(  Hechos 17:30).
 
En la primera epístola a los Corintios, capitulo 12, versos 1 y 2, leemos: « No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales » Comprendemos fácilmente  aquí, la  voluntad del apóstol. Cuando se trata del cuerpo de Cristo— la Asamblea— del destino y del funcionamiento de los órganos que la constituyen, es de total importancia que el origen y la fuente de este funcionamiento sea el Espíritu Santo. Desde el comienzo de esta epístola, el apóstol coloca a los Corintios en guardia contra los peligros  de las manifestaciones espirituales que tenían lugar  en el paganismo de la cual ellos habían salido. Podrían haber confundido la acción de malos espíritus, con la del Espíritu de Dios.  Un espíritu satánico podía hacer milagros como Jannes y Jambres, hablar en lenguas y expresar cosas extraordinarias para atraer a las almas hacia el. ¿Han desaparecido  ahora esos peligros?  El paganismo ha sido reemplazado por la cristiandad; pero,  se constata algo terrible,  está última, ha llegado a ser, la guarida de  los espíritus de las tinieblas. ¡Cuantas de estas manifestaciones las vemos hoy en día! El apóstol da a los Corintios un medio para  discernir esos espíritus; les dice  lo que el  Espíritu de  Dios  hará siempre  y  aquello  que no harán jamás los malos espíritus.  El Espíritu reconoce la autoridad de Jesús como Señor, los malos espíritus la niegan e igualmente la maldicen. « Nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.» (1ª Corintios 12:3). Estas advertencias resplandecientes son muy necesarias, si deseamos realizar lo que está presente  en Efesios 4: 17-18: « Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 
teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay…
»
 
 La ignorancia es a menudo la causa de las diferencia de opiniones entre los hermanos. Algunos son incapaces de discernir o de recibir lo que otros han  comprendido claramente y efectivamente como algo revelado por Dios. Muchas veces, la ignorancia en si misma no es la más grande dificultad, porque, si solamente existe la ignorancia, Dios dará la luz en el momento oportuno;  esto  sucede  cuando está el sentimiento de debilidad,  y una real búsqueda de la voluntad de Dios. Hay una condición mencionada en Mateo 6.22. « Si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz… »

 Hebreos 5:12 menciona una ignorancia culpable:                 « Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios…» La ignorancia, relatada así precisamente en esta epístola,  tratándose  de la doctrina concerniente a la persona adorable del Señor de gloria, es particularmente grave.   El mayor  obstáculo desarrollado en  los Hebreos, era su religión,  el Judaísmo.  Aunque  no estamos en presencia de la misma forma religiosa, el peligro no es menor,  es real, bajo distintos aspectos.  Cuidémonos, a fin de que nuestro juicio  no sea influenciado por costumbres rutinarias, de hábitos capaces  de hacernos caminar  según sentimientos humanos.  Esto nos conduce a un serio examen de los deseos profundos de nuestros corazones. ¿Que lugar le damos al Señor, cada día?  ¿Cuales son las cosas que amamos, que buscamos; que tiempo le damos a la Palabra, a la búsqueda de escritos edificantes de nuestros antecesores,  vamos con frecuencia  a las reuniones? A menudo pasa que se oyen  reflexiones respecto a hermanos —y también hermanas— dotados, en relación con el conocimiento que ellos tienen de las Escrituras; reflexiones evidentemente regocijantes, pero, recordemos siempre esto: por muy  dotado que sea un creyente, el conocimiento  es  a pesar de todo  el resultado de un ejercicio personal y perseverante, de mucho tiempo consagrado al estudio de la Palabra, en la presencia del Señor, con oración.  Para esto es preciso necesariamente, que el corazón  esté comprometido, que se encuentre  el verdadero gozo,  el del  santuario donde se comprenden los pensamientos de Dios,  estando compenetrados por su amor. «Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, » (Salmo 27:4).

 En la medida en que  nos damos cuenta del amor  con la cual   el Señor nos ama, le amamos  mas  a cambio.  ¡Ah!  ¡Que Él nos guarde de  tener un conocimiento  simplemente intelectual, que se volvería rápidamente   en  hinchazón!  ¡Que Él  nos conceda la gracia de estar animados en su amor; este amor que no se  envanece… que no se infla de orgullo… que se regocija en la verdad! (1ª Corintios 13).

 Hay casos donde la ignorancia es resentida a causa de la inquietud que ella provoca. Es lo que  le sucedió a los Tesalonicenses, por ejemplo, sobre sus amados  que habían partido antes de la venida del Señor. ¿Que sucedería con ellos?  Asunto que les angustiaba mucho. ¡Cuan reconfortante es el mensaje divino, por  la  carta del apóstol!  Y, después de los siglos,  este mismo mensaje ha consolado  también a los corazones, en cuanto a aquellos que nos han precedido, ¡como también para  todos  los  que continúan esperando!

  Hay un tema donde la ignorancia está  particularmente marcada, y sobre el cual  deseo se  me  permita insistir: el de  los medios disciplinarios; tanto como en lo que concierne a las relaciones fraternales como en lo que concierne a la asamblea. Es un vacío tan grave como humillante: grave a causa de las consecuencias que resultan,  y humillante porque la ignorancia  sobre este punto tan importante  no debería existir.  La Palabra es muy clara a este respecto,  y los escritos tratan el asunto con  una  competencia que no falta.  Es verdad que el conocimiento  de ella  no es una salvaguarda  asegurada.; debe haber un verdadero ejercicio delante del Señor, con el fin de recibir de Él discernimiento y  fuerza necesarias en cada caso.

 Cuando se trata de una  dificultad individual,  el curso a seguir está trazado en Mateo 18:15-17, sin que uno pueda equivocarse. Es la persona  «perjudicada» que debe dar el primer paso. Se trata aquí de una falta individual que no toca directamente a la asamblea. Lo que está colocado delante de nosotros, es el espíritu de gracia  y de humildad del perjudicado, para tocar el corazón del  culpable, y conducirlo a la confesión que restablecerá esta comunión fraternal  fragmentada por la falta. Señalemos la importancia que hay  para conformarse exactamente a las indicaciones de la Palabra: «ve y repréndele» — « convéncele» estando tú y él solos; »  es preciso evitar cualquier otra forma de actuar; por ejemplo, escribirle, o hacer una  información sobre el asunto, etc.,  esto solo puede agravar las cosas. «Ve y repréndele  estando tu y el solos». Este primer paso  se hace entonces sin haber hablado con nadie (salvo con el Señor), « si te oyere, has ganado a tu hermano». Es una verdadera victoria según Dios, para Su gloria y el bien de todos; porque aquellos que lo han ignorado no han sido turbados, y, entre tu hermano y tu, la comunión se ha restablecido. Si este frente a frente no da el resultado deseado, un nuevo paso se hace con los testigos. La presencia de dos o tres testigos se encuentra en el Antiguo Testamento como en el Nuevo: «Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. » (Deut.17:6); « Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos.» (1ª Timoteo 5:19); « Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto. » (1º Corintios 13:1). Si este paso fracasa, el asunto se lleva a la asamblea, donde  el uno y el otro toman parte. La asamblea habla en ultima instancia; si ella no es escuchada, todos los medios empleados hasta allí  se han agotado, el hermano perjudicado debe considerar a aquel que ha pecado contra él  «   como gentil y publicano.» No se trata aquí de la disciplina ejercida por la asamblea con respecto al malo: esta  se ha ocupado en última instancia de un caso individual. Es por esto que se dice, en este pasaje «…tenle tú…». En cuanto a la intervención de la asamblea con respecto al malo. Es necesario ver lo que se presenta en 1ª Corintios 5. Sin entrar en el detalle de este capítulo tan solemne, notemos primeramente que la administración, en materia disciplinaria, está confiada enteramente a la asamblea, por el Señor. Ella es la jurisdicción mas elevada aquí abajo, relativa al testimonio establecido por Él. Así, cuando se trata de admitir o echar, de atar o desatar, esto es confiado  a los dos o tres reunidos a Su nombre. Aunque estos  actos  no sean designados como actos de   « autoridad», que le es conferida por la presencia del Señor, que permite a la asamblea actuar en Su nombre.

También, las decisiones de la asamblea, siendo tomadas al nombre y bajo la mirada del Señor,  ellas  son ratificadas en el cielo. Este hecho atrae nuestra atención sobre la extrema gravedad  que existe al  no admitir una decisión de asamblea y no someterse a ella.  De una manera directa   está  declarando su desacuerdo y no sometiéndose ; o indirectamente manteniendo relaciones con aquellos que la asamblea a estado obligada  a  separar, lo que tiene por resultado  trabar la obra de restauración en  los culpables, lo que es el motivo divino de la disciplina. Estemos muy atentos al hecho que: rehusar una decisión de asamblea es algo particularmente muy grave delante de Dios. Es  ponerse por sobre la asamblea. Es  poner en duda que la decisión ha sido  tomada en el nombre del Señor, lo que quiere decir que esta asamblea ha actuado como un tribunal humano: esto es no  reconocerla como el testimonio de Dios; en una palabra, ¡es rechazarla! Dios nos de  el pesar la extrema gravedad de tal actitud.

  Es verdad que la asamblea no es infalible, pero, debemos someternos  cuando  sus decisiones   son tomadas al nombre del Señor.   Si la asamblea  se equivoca, ella es responsable delante del nombre de Aquel del cual ella tomó las decisiones, y deberá llevar las consecuencias. Si discernimos un error, puede ser nuestro deber señalarlo  a quien corresponda, según lo que el Señor nos conduzca, pero solo puede ser en un espíritu de gracia y de humildad,  y contar con Él para que intervenga.

 En el seno de la asamblea, el ejercicio de la disciplina es permanente, solemne, y de una importancia capital. Mantener la santidad  a la Mesa del Señor es un deber real hacia Cristo mismo. Mas somos atraídos a su persona, más grande será este ejercicio. Alguien ha escrito: «Aquel  a quien  se conoce mejor,  y  quien tiene más amor, no deja de ejercer la disciplina cuando es forzado , pero  lo hará como de  parte del corazón quebrantado  de Cristo  quien le  ama a pesar de todo, y sin perder el sentimiento de que la carne está también en el, Al final, si se trata de excomunión todos deben tomar parte, no porque tengan derecho ( ¡que espíritu  tendría  un niño que insistiera sobre su derecho de tomar parte  en la exclusión de uno de sus hermanos!) , pero para que la conciencia de todos sea purificada, y que toda la asamblea  deba  estar  por este acto, separada de un pecado que exige  la exclusión

 Notemos también que si una admisión (o una exclusión) ha sido decidida por algunos hermanos,  fuera de la reunión de asamblea, esto sería una falta muy grave, con consecuencias desastrosas, porque la asamblea sería puesta  de lado, cuando ella es  la única competente para actuar en estas cosas, en el nombre del Señor.
 Señalemos aun que el ejercicio de la disciplina puede ser una manifestación  de poder, o el cumplimiento de un deber. El primer caso  señala el ministerio apostólico, mientras que el segundo incumbe a la asamblea. El apóstol había juzgado entregar a tal hombre a Satanás para la destrucción de su carne… (1ª Corintios 5,5), y había entregado a Himeneo y a Alejandro « a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar. » (1ª Timoteo 1:20). En cuanto a la acción de la asamblea, la encontramos en 1ª Corintios 5:13:                  « Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros. ». Es un acto de obediencia, en vista de la purificación.

“Los Corintios no podían separarse  en   su vida  natural  de todos aquellos que, en el mundo andaban    en  la corrupción, porque en este caso sería salirse del mundo. Peo si alguno que  se llama hermano y anda en la corrupción, no debe comer con tal hombre. Dios juzga a aquellos que están afuera de la asamblea; la asamblea debe  juzgar a los que están dentro…” (J.N.D.)

 Si hemos entendido un poco este ultimo punto,   es en la conciencia de su inmensa importancia, y también y sobre todo pensando lo que es la asamblea para el Señor. Ella es  tan preciosa a su corazón,   que debemos tener un santo temor de llevar perjuicio sea de  cualquier manera.  Ciertamente estaremos guardados, si efectuamos verdaderamente  que Él está allí, Él mismo, en medio  de ella.                                                         

G. C-G.

Traducido de “El Mensajero Evangélico” año1967



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